viernes, 12 de septiembre de 2014

La libertad. Cuento Mexicano aportado por Marco


Imaginen el palacio del rey de la India (das detalles) imaginen la alcoba del rey de la India (detalles) ...y allí una enorme jaula grande, de plata con incrustaciones de perlas. Donde habita un pajarillo multicolor que habla y canta en todos los idiomas del mundo. Este pajarillo es el mejor amigo del rey.
Todos los días, después de despachar los asuntos del reino, el rey iba a su alcoba y platicaba con su amigo; no sólo cosas de política, no, también de las cosas que pasaban en su corazón. Y el pajarillo siempre tenía una palabra o un consejo sabio para el rey.
Una mañana el rey le dijo: - Amigo, pídeme lo que quieras, soy el rey de la India y puedo darte todo-. El pajarito le dijo que no necesitaba nada, que la jaula estaba bien, la comida e incluso, la diversión nunca faltaban. Así que no, no necesitaba nada más, a menos que le concediera la libertad.
El rey le dijo que no, que eso si que no. Porque si lo liberaba se iría y se quedaría sin amigo.
Un día el rey llegó a su recámara y le dijo a su amigo que tenía dos noticias, una buena y otra mala. El pajarito de dijo que primero le diera la mala. -tendré que ausentarme del palacio- dijo el rey.
- y ¿cuál es la buena?- preguntó el pajarillo.
- que pasaré muy cerca del bosque de donde procedes y puedo traerte lo que quieras, una flor, algunas frutas.
-Mmmmh, no gracias, pero si ves a mis hermanos, dile que estoy bien, que vivo en una jaula muy cómoda, que tengo buena comida y diversión. Sólo salúdales.
Así, el rey partió y después de arreglar los asuntos del reino, de regreso, pasó cerca del bosque, dejó a su comitiva y se internó el él.
Llegó a un claro hermoso, donde se levantaban enormes troncos blancos que sostenían ramas con hojas de un verde translúcido y ahí, cientos de pajarillos multicolores, cantaban canciones en todas las lenguas del mundo. El rey quedó extasiado y se sentó en un tronco a escuchar.
Cuando los pajaritos terminaron su canto, el rey se levantó y les dio el mensaje de su amigo.
Se despidió y al nada más dar tres pasos, uno de los pajarillos cayó a sus pies, inmóvil, sin respirar. El rey lo levantó con tristeza y lo depositó en un tronco y rezó. Entonces el corazón le dio un vuelco al pensar en su amigo, allá sólo en palacio que también podía morir, de repente.
Así que regresó a toda prisa y cuando llegó a palacio, atravesó corriendo los pasillos hasta llegar a su recámara, abrió la puerta y suspiró aliviado al ver a su compañero sano y salvo.
Cuando recobró el aliento, el rey comenzó a contarle su viaje y a darle detalles de su visita al bosque, le contó lo del pajarito muerto y le explicó como lo había  levantado y lo había depositado en un tronco. El rey, entonces, miró a su amigo para observar su reacción y se dio cuenta que yacía en el suelo de la jaula, inmóvil. El rey abrió la puerta y sacó a su amigo, al darse cuenta que estaba muerto  comenzó a llorar y llorar como sólo saben hacerlo  los reyes.
Luego lo depositó en la ventana para rezar por su espíritu y, aún no se había inclinado, cuando de pronto el avecita voló lejos, se colocó a unos cinco metros, por si las dudas y posado en una rama  le dijo al rey:

-No llores amigo, no estoy muerto, como tampoco lo estaba mi hermano en el bosque. Deja de llorar, porque hoy, tú y yo hemos aprendido dos cosas importantes. Tú, que el mensajero nunca sabe lo que lleva en el mensaje, y yo, he aprendido que la libertad no es una flor que se pide, es una flor que se arranca.

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