domingo, 30 de abril de 2023

EL JABBERWOCKY de LEWIS CARROLL

La biblioteca donde vive la ratoncita

Abril ha sido un mes muy completo. Hoy que ya se termina puedo decir que me lo he currado bien. 

Como me dicen los amigos me he venido arriba y me he comprometido a cuatro actividades cuenteras.
La última fue el pasado jueves en el Colegio Andrés Segovia, donde tengo que decir que fue increíble la movida libresca que se planteó... Contadores y contadoras pululaban como setas por todos los rincones del centro con una cohorte de peques que les seguían como al flautista de Hamelín.

Ya que el tema que estaban trabajando era el de Alicia en el país de las Maravillas, me puse a preparar cuentos relacionados con este personaje y para mi asombro y mi despiste, encontré que tenía, en casa, un montón de cosas cercanas a esta historia, que ni yo misma recordaba.

Cómo le dedicaré una entrada en este blog a ese día, hoy solo quiero comentaros quien es JABBERWOCKY.

El ratoncito en el charco de lágrimas de Alicia 

Contando el cuento de Alicia apareció un ratoncito que cayó en el charco formado por las lágrimas de la niña y,  me acordé de una preciosa ratoncita que vive en su mini biblioteca y al ojear su mini estantería, encontré este mini libro de este poema: JABBERWOCKY, que Lewis Carroll relata en su libro ALICIA A TRAVÉS DEL ESPEJO... 

La ratita en su biblioteca

Pregunté y pregunté a nuestro padre internet, que todo lo sabe, aunque a veces lo trastoca y, me tropecé con este enlace:

https://letraslibres.com/revista-espana/el-jabberwocky/

Y en él una versión supercalifragílistica del poema... porque realmente no hay quien traduzca palabras que no existen.
Así que tuve la oportunidad de contar la historia de la ratita, que vivía en una biblioteca, que tenía un libro escrito por el autor de Alicia y que el libro relataba este poema: 


El Jabberwocky  

(EL BARAÚNDO)

Adaptación de Julio Trujillo



Era el bullir, los tersos lagartejos
se arrizomaban en la verdiloma,
los bogrios suspiraban a lo lejos
y hasta ululaba el tortuguín de goma.
“¡Hijo: del Baraúndo ten cuidado!
¡De su quijada y su feroz zarpazo!
¡Si ves al ave Jubjub hazte a un lado
y evita al frumibundo Tarascazo!”
Él empuñó su vorpalina espada
y buscó largamente a su enemigo,
se echó bajo un tamtam, pensando en nada
y estuvo un rato así, solo y consigo.
Y mientras cavilaba ufosamente,
¡el Baraúndo, con mirar de flama,
zumbó a través del bosque, de repente,
con borborigmos y un rugir que es fama!
¡Un, dos!, ¡un, dos!, ¡un, dos!, ¡atravesando
con su espadón el músculo y el hueso!
Cargó con su cabeza, y entonando
un son de triunfo comenzó el regreso.
“¿Pudiste asesinar al Baraúndo?
¡Ven a mis brazos, niño esplendoroso!
¡Oh día fragnífico, genial, rotundo!”
Desternillábase el señor de gozo.
Era el bullir, los tersos lagartejos
se arrizomaban en la verdiloma,
los bogrios suspiraban a lo lejos
y hasta ululaba el tortuguín de goma.

Termino comentando que Jabberwocky es una palabra tan conocida en la lengua inglesa, que se le ha dado el significado de "hablar o escribir sin sentido" y que grandes escritores siguiendo esta divertida locura han inventado otras  historias.  


domingo, 23 de abril de 2023

TONTO DE CAPIROTE

No podía ser menos que la tarea que nos pusiera nuestro profe del taller de escritura estuviera relacionada con la semana santa. Este fue mi relato:

—¡Er moñeco, ermoñeco!

Julián Sartre, prefería no saber de dónde salían las voces y los gritos. ¡Ahora no!, se dijo. En este preciso momento era lo único que le faltaba.

—¡Apá, ermoñeco!

Era un error haberse traído a Manuel al acto, ya estaba demasiado grande y se descontrolaba más de la cuenta. No quiso siquiera mirar hacia atrás a comprobar lo que ocurría y siguió, furioso, organizando las tareas del magnífico evento que tenía entre manos: tenía que salir perfecto.

Sentía que iba a sufrir unos de sus arrebatos de rabia y coraje. Maldijo que la niña, la Amparito, su Amparito, se hubiera vuelto a escaquear y no se estuviera ocupando del tonto de su hermano. Mira que había repetido hasta la saciedad lo importante que era que todo estuviera bajo control, que los había llevado a los dos a la procesión, con esa condición. Seguro que la muy estúpida, estaba tonteando con el chulito ese del barrio que le ponía ojos de carnero degollao cuando la veía. A la noche, en casa, se iba a despachar a gusto.

Se le llenaron los ojos de lágrimas intentando contener la furia que le subía garganta arriba. Ese maldito hijo, mira que lo habían esperado con tanta ilusión; un niño, el primero, el varoncito y primogénito de la familia, el que llevaría sus apellidos. Después ya podían venir todos los que quisieran, a él le daba igual, mejor niñas que pudieran ocuparse de ellos cuando mayores y acompañaran a su mujer, esa mujer siempre huraña y enfadada. El sí que tenía que estar enfadado, cuando le dijeron que el niño sería “retrasado” se le atragantó la criatura. Sí que era retrasado, no logró aprender ni a leer ni a escribir. Diecisiete años y hablaba como un crío de tres, todo el pueblo se reía de él, el “Tonto Manuel” lo llamaban. Cómo lo odiaba, odiaba a ese niño, que no servía para nada, que le seguía como un perrillo lastimero por más que lo despreciara y al que, por desgracia, le encantaba la Semana Santa y ponerse el traje de penitente. Vaya rabietas que cogía y cómo lloraba si no lo sacaba en la procesión, su Procesión.

Julián Sartre de Medinacelis, era nada más y nada menos que el Hermano Mayor de la Cofradía “Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado” y “María Santísima del Mayor Dolor en su Soledad”. Distinción conseguida después de muchos años de trabajo y de esfuerzo, de mucha limosna y de mucho enchufe a unos y a otros, que este año se estrenaba por fin en el  cargo y estaba a punto de sufrir un infarto, si seguía escuchando al tonto Manuel, gritar y vociferar en medio de la calle.

Para su asombro, el clamor fue en aumento y los gritos de su hijo se soliviantaban cada vez más.

-¡Apá, ermoñeco, guapa, guapa...agua…agua... agua…!

Una oleada humana se movió al unísono a su alrededor, nazarenos que empezaban la marcha, la banda de música que iniciaba los primeros compases, las niñas con sus mantillas blancas, las señoras desde sus altos tacones.

Ante un gesto de Julián, la campanilla del vocero empezó a repicar dando la señal de marcha para la comitiva, pero los gritos de Manuel se alzaron por encima de la muchedumbre.

-¡Apá, ermoñeco se quema...ay...ay!

Julián, preocupado ante lo que parecía una inevitable catástrofe,  miró hacia atrás. Del precioso trono de “María Santísima del Mayor Dolor en su Soledad” un humo velado entre blanco y gris empezaba a aparecer. El tonto enaltecido, abandonando el capirote a su suerte, giraba como una peonza, mientras gritaba palabras ininteligibles. El resto de la comitiva observaba paralizada la escena.

Julián corrió hacia el paso, Manuel, reaccionó por fin;  más próximo, más joven, más ligero, saltó a la plataforma queriendo salvar la imagen. En su torpe torpeza pretendió apagar el fuego a manotazos, un fuego que se iba propagando veloz en aquella profusión de terciopelos y organzas.

Para cuando el padre llegó, Manuel el tonto tenía las manos quemadas, la cara ennegrecida y tosía con desesperación. Lloraba llamando a su madre a la que confundía con la Virgen. Entre unos y otros lograron retirarlo y contener el fuego. Al muchacho se lo llevaron al hospital, con las manos  envueltas en su propia capa de penitente. La procesión, para susto y disgusto de todos, se dio por concluida.

Julián Sartre de Medinacelis, Hermano Mayor de la Cofradía “Nuestro Padre Jesús Cautivo y Rescatado” y “María Santísima del Mayor Dolor en su Soledad”,  veló a su hijo junto a su lecho de enfermo hasta que se recuperó y lloró arrepentido, como un crío, por todos los improperios y odios almacenados durante tantos años. Para aumentar, aún más,  su sensación de mal padre, tuvo que escuchar de los vecinos las felicitaciones que vinieron  a hacerle, por haber educado tan bien a ese hijo, santo varón, inocente como un niño, que tal vez había nacido para salvar a María del fuego eterno.

Amparito nunca le confesó a su padre que vio a Manuel, aquella tarde, demasiado cerca de la Virgen y de las velas, toqueteando y arreglándolo todo con ese afán protector y maniático que le era propio. Se dijo, con gran sabiduría para sus quince años: hay cosas que es mejor no contar.


domingo, 12 de marzo de 2023

ENCUENTROS CON AUTORAS

 


Este año, mi amiga Leticia que trabaja en el CEIP Federico Garcia Lorca de Güevejar, hizo la propuesta para que me invitaran al encuentro con autoras que se viene celebrando desde hace cuatro años.

El acto, como podéis ver por el programa estuvo la mar de animado, siete centros de las localidades vecinas participaron. 

La presentación, con la alcaldesa y la bibliotecaria de Güevejar

Cada uno de los colegios presentes había preparado una actividad. Tuvimos: cuentos contados con cuerdas, origami y cartas sobre mesa, Poemas de Gloria Fuertes, Lectura de poemas por parte de los alumnos de bachillerato del Instituto de Cogollos Vega.... 

La entrevista realizada por el alumnado del CEIP de Alfacar




Una versión de Mariquilla ríe perlas contada por la clase de sexto del colegio de Güevejar, con los Cuentos sobre la mesa


La misma clase de sexto contando, con origami, el cuento del rey que perdió su corona







Diferentes momentos del acto


Tuvimos desayuno y batucada...Fotos con las clases y sus maestras, en definitiva una mañana excepcional, a repetir y a compartir.



domingo, 5 de marzo de 2023

IMPROVERSANDO

Museo de las ciencias de Barcelona, manipular y contar, todo en uno.

Estos sencillos juegos de improvisación nos sirven para colocarnos en situaciones diferentes de las habituales y tener recursos para salir bien de ellas. También son una fuente inagotable para jugar con las  palabras, lo que nos ayuda a ampliar nuestro  vocabulario de una manera ingeniosa y a la vez divertida. 

1.- Ponerse en relación unos con otros: Ejemplos

En un espacio suficientemente grande el primer jugador se levanta y se posiciona en un lugar de la sala diciendo: 

- soy un árbol-,  el segundo, se ubica cerca y dice: -soy un banco delante del árbol, la tercera expresa: -soy el perro que se rasca contra la pata del banco.....

y asi sucesivamente hasta que entre todos componen una escena loca y divertida.

2.- Adivinar el oficio: Quien dirige se situa a un lado de la sala; los demás están de pie en frente y se dirigen hacia esta persona diciendo: "Venimos de Oriente, el sol nos ha tostado, parecemos negros y tenemos unas orejas muy grandes, Maestro, danos trabajo". 

Quien coordina el juego pregunta:- ¿Qué  sabéis hacer?

El grupo  que previamente ha acordado un trabajo, lo expresa sólo con mímica. Cuando éste averigua el oficio lo dice y todos echan a correr y al que pilla toma el relevo para coordinar el juego.

3.- En el bosque encantado me gustaría convertirme en...

4.- Deseo que vengas conmigo a...

5.-Vender algo, convencerle de que compre un perro, una corbata, un objeto inútil...




miércoles, 22 de febrero de 2023

¡AL PUEBLO!

 EL VIAJE

Desde temprana hora de la mañana empezábamos a bajar los trastos a la calle: maletas, maletillas, maletones, cestas, bolsas y más paquetes. Mi padre con el coche en la puerta, vigilado atentamente desde las ventanas por los vecinos del bloque, empezaba a encajar  los bultos en la baca como si de un tetris se tratara. Ante nuestra impaciencia y nuestras muestras de jartura nos espetaba su habitual muletilla «Despacito y buena letra» y nosotros resoplábamos viendo cómo avanzaba la mañana sin que el deseado viaje se iniciara. 

Cuando ya parecía que la doble capa de bártulos estaba siendo encajada con la debida pericia, aparecía alguno de mis hermanos con otro nuevo paquete y nuestro progenitor, desafinando entre silbidos una zarzuela, volvía a desarmar lo realizado hasta el momento.

Encajar tanta familia en un seíllas no era tarea fácil, pero al fin se conseguía, e iniciábamos el viaje con la confianza ciega de llevar sobre nuestras cabezas un portaequipaje capaz de soportar los más terribles temporales.

Una vez encomendados a san Rafael y a san Cristóbal, nos poníamos en carretera. Cantábamos, contábamos coches, jugábamos a las adivinanzas, a de La Habana ha venido un barco… nos mareábamos, vomitábamos y parábamos en uno de los bares del Puerto del Carretero  a bebernos un galipuche y  cómo no, a desaguar.

De la bolsa “maripopiense” de mi madre salían galletitas, chocolate, agua, servilletas, saquitos y rebequitas ante las necesidades perentorias de unos y otros, hasta que agotados del largo viaje y  la tediosa ruta, empezábamos a fastidiarnos y surgía la frase inevitable que indicaba los comienzos de una pelea «¡Mamá, Pepe me está chinchando!». Mi padre desde el poderío que le concedía ser el piloto, nos lanzaba unos cuantos epítetos de lo más variado, desde «Botarate, deja en paz a tus hermanas» a «Distinguido besugo, ¿quieres que pare y te deje aquí?», y otras lindezas que nos sirvieron para que fuéramos las chicas con el vocabulario más culto de todo el barrio en materia “insultil”.

Para eso también tenía mi madre un recurso mágico y nos decía, sumergiendo la mano en su bolso especial: «Venga, vamos a rezar el rosario». Como por arte de magia se acababan las discusiones y los gritos. Ante el mantra apacible de las avemarías íbamos cayendo enredados unos a otros, en un sopor pacífico,  mecidos por los rezos de mis padres y sus suspiros gozosos  por contar con unos minutos de tranquilidad.

 EL PUEBLO

La llegada a  Martos se convertía en la máxima recompensa. En casa de los abuelos y de los  tíos, nos esperaban días de pandilla, compuestas por una caterva de primos, que nos acogían y nos acompañaban en todas las excursiones y travesuras que se nos ocurrieran.

Una de nuestras aficiones, era pasearnos al retortero por las calles. Diez o doce chavales, supervisados por los mayorcillos de trece o catorce años que conocían bien todos los rincones susceptibles de ser visitados.

La numerosa familia que allí teníamos se detenía a preguntarnos de quiénes éramos. Ser  nietos de Don Nemesio, el médico, nos abría no solo puertas, sino que también nos procuraba algunas propinillas para las chuches o los cacharricos  de la feria. Los grandes contaban las perras y perrillas obtenidas y, con más o menos acierto hacían un reparto, en el que de vez en cuando se cruzaba algún que otro enfado; alguien zanjaba la discusión diciendo que dejáramos de decir patochás y no nos liábamos a mamporros por los pelos.

Mal que bien solucionado el asunto y en el puesto de pipas, no se escuchaba más rumor que el de nuestras jóvenes y repeinadas cabecitas pensando en por qué maravilla nos decidiríamos si regaliz, juanolas, tractos, garbanzos torraos, altramuces, chicles o pipas, que nos servía el kiosquero en unos maravillosos cucuruchos de papel de estraza.

Sólo la llegada de la hora de la comida alteraba nuestro paseo  y entonces salíamos disparados a casa de unos y de otros, previos acuerdos sobre los gustos alimenticios propios; si en tu casa hay lentejas te lo cambio por mi cocido que  los garbanzos no los aguanto. Con lo que no era raro que en cada hogar aparecieran a comer zangolotinos diferentes de los que salían por la mañana.

Los mayores nos permitían esos trapicheos, contentos de vernos zascandilear felices y de no tener que ocuparse de nosotros durante las largas jornadas vacacionales.

EL DESVÁN

Casi sin ponernos de acuerdo, la cita consabida después de la sobremesa, era en la casa grande. Mientras los adultos sesteaban, previa orden de que no molestáramos bajo ninguna circunstancia, nosotros nos encaminábamos al desván. Habitación mágica por excelencia; oscura, polvorienta, calurosa hasta decir basta, pero llena de rincones secretos a la que por más que volvíamos siempre aparecían rincones por explorar.

Con el sigilo y respeto que merecía el lugar, nos juntábamos por aficiones y mientras algunos espulgaban las revistas y los librillos, que se amontonaban por cientos en los estantes, otros abrían el baúl de los trajes antiguos que vistieron bodas bautizos y otras fiestas mayores. Pelucas, abrigos raídos, sombreros, zorros espeluchaos, enaguas, sayas, tacones, corpiños, delantales de criada con puntillas, cofias, bolsos, trajes de novia y hasta baratijas, nos permitían componer un improvisado carnaval con un magnífico desfile coreado por las carcajadas contenidas de tan alegre público.

Pero el sumun, la mayor delicia a la que se prestaba el sitio, era jugar a las tinieblas de la noche. Apagada la única bombilla de luz, bastante mortecina, nos escondíamos y correteábamos entre columnas, cajas y anaqueles, ante el terror de los más pequeños y las risas de los mayores, hasta que, irremediablemente algún torpe botarate se daba un tremendo batacazo produciendo un estruendo mayúsculo. Aparecía, rápidamente una de las tías y medio gruñendo, medio bromeando,  nos sacaba de allí con la promesa de una rica merienda de pan y chocolate y una refrescante ducha, a cubetazos, con el agua helada del pozo…

Pero esa es otra historia.

______________________________

martes, 21 de febrero de 2023

SEGUIMOS CON LOS JUEGOS DE LENGUAJE


Una planta... se planta.. 

TENGO UN CESTO

Aspecto que cubre: Ampliar vocabulario, divertirse

Edad: A partir de 8 años

Número de jugadores: toda la clase

Descripción del juego: 

Uno de las jugadores dice: -Tengo un cesto-, los otros le preguntan ¿Qué tiene dentro?, él responde alguna cosa que empiece por la A. Otra jugadora repite -Tengo un cesto- y contesta con una palabra que empiece por B a la pregunta de qué tiene dentro... Asi sucesivamente hasta que terminan todas las letras del abecedario.

ADIVINA LA PALABRA

Aspectos que cubre: Ampliar vocabulario, divertirse,  palabras polisémicas

Edad: A partir de 10 años

Numero de jugadores: Toda la clase

Descripción del juego:

Los jugadores se sientan en fila. Se elige a uno para hacer hacer las preguntas que debe salir de la habitación. Los demás jugadores, mientras, escogen una palabra que tenga muchos significados. Una vez puestos de acuerdo llaman al de afuera, que recorre la fila preguntando a cada uno: -¿Cómo te gusta?, al siguiente: -¿Cuándo te gusta?, otra puede ser.. -¿Dónde te gusta?, así hasta averiguar la palabra elegida por el grupo.


Juegos tomados de 


Otros juegos en:

https://cuentosquecabenenunbolsillo.blogspot.com/2022/07/el-libro-y-sus-despropositos.html



domingo, 19 de febrero de 2023

ESTABA EL REY DE OROS

 

Federico Martín, contando un cuento con las cartas en Garganta de la Olla

      

 Estaba el rey de oros  / Rey de oros

con una espada en la mano, /As de espadas

el caballero y su copa   / Caballero de copas

y la dama con el palo.  /Sota de bastos

 

Toma dama esta copa      / Sota de copas

que con su mazo y caballo,  / Caballo de bastos

te voy a dar un doblón   /As de oros

que el rey de espadas me dio. / Rey de espadas

 

Al pie de un pino una fuente / As de bastos    

el rey se paró a beber,     /Rey de Copas       

 el caballero lo impide /  Caballo de espadas

y a la dama también /  Sota  de oros     

            

 El caballero famoso /       Caballo de oros        

oros le ofrece a la dama / Sota de espadas 

 y el rey muy desentendido /  Rey de bastos

le da la copa de agua. /  

As de copas

 

 

Conforme se va relatando el poema se van colocando las figuras.