viernes, 23 de abril de 2021

UN CUENTO DE PALOMAS de Concha Espina

La clásica pajarita de papel

Doce años tiene la Zagala. Se llama Rosa Luz y no tiene padre... Su madre, joven labradora, abnegada y valiente para el trabajo ha caído enferma  de agotamiento. Rosa Luz que adora a su madre, observa como esta languidece y piensa con dolor que puede hacer ella. Y pensando, pensando surge una idea y si comprara en la botica de la villa aquella medicina que anuncian como reparadora de males...

Pero... cuesta dinero y ellas son pobres, su madre no se lo consentiría.

Ya está...venderá los palomos, sus pichones hermosos y preferidos. Con pretexto dispone el viaje y subiendo al palomar prende los dos palomos destinados a la inmolación. Los acaricia  mucho  ¡los quiere tanto! Les pone fina y delgada la ligadura de las patas y escondiéndolos con habilidad, parte para la villa.

Turbio está el cielo, las nubes agachadas y ceñudas presagian tormenta, pero Rosa Luz no se da cuenta. Camina y camina sonriente pensando en la venta de aquellos pichones, con el importe de la cual comprará el licor maravilloso.

Allá en el mercado, todo fue bien. Una señora escuchó la pena honda que la niña tiene y le dice temblorosa de emoción:

— Guárdatelos y toma para la medicina. Agradecida la zagala ha llorado pensando en la madre.

Descendía de las cumbres la niebla de la noche, silbaba el viento y algunos copos blancos empiezan a caer. Rosa Luz llevaba el canasto con la botella de licor y los palomos. Empieza a andar y andar, pero no encuentra su rumbo. Borradas todas las rutas por la nieve no se distinguen los caminos; la niña asustada, reza. Muy cerca suena el río ancho y turbio, que aturde más aun a la pobre caminante. Se cansa, vacila. Y al perder los ánimos, piensa en dar libertad a los palomos para que se salven ellos, llevando al solitario caserío su último adiós. Los pichones libres y sacudidos, levantan sobre la niña un vuelo corto, sin moverse como si aguardaran y Rosa Luz corre detrás de ellos ansiosa de alcanzarlos otra vez ¡Quisiera volar, quisiera vivir!

Así va andando la niña detrás del vuelo de los pichones.

La sombra de la noche sigue detenida por el claror de la nieve. La madre aguarda a su hija con loca incertidumbre, sale al portal a otear los senderos.

Baja al camino y dice al viento el nombre amado con un grito de avidez;

—¡Rosa Luz, Rosa Luz! —. Como respuesta, dos aves llegan del fondo de la noche y se posan en sus brazos. Ella reconoce a los palomos preferidos de su hija y vuelve a gritar:

 —¡Rosa Luz!,

—¡Aquí estoy! —responde una voz cercana.

Una silueta menuda se yergue en el lindero y la niña, guiada hasta allí por los palomos al través de la ruta blanca, se refugia también en el regazo de la madre con su ofrenda de salud y amor.   

Un precioso colibrí de origami para ilustrar el desconocido cuento de esta gran autora. 


martes, 20 de abril de 2021

MI gato de alquiler

Este cuento lo escribí en el taller de escritura que sigo desde hace tiempo con el escritor Alfonso Salazar y cuando nos pidió que hiciéramos un relato de nuestro año de pandemia ésta fue la manera que se me ocurrió plantearlo. Agradezco a mi gato Leo el dejarme utilizarlo como voz narrativa.


Dibujo de Isabel Villanueva Flores

Miro el mundo desde la ventana, mi mundo tiene jardín y muchos árboles, un castaño, varios pinsapos, nísperos, y una enorme araucaria con la que sueño trepar algún día. Mi mundo está repleto de luz, incluso de solecito alegre por las mañanas que voy buscando para calentar mi lomo. Mi mundo no es redondo como los otros mundos, es plano, con miles de recovecos que investigar, con escondites mágicos donde vengo a refugiarme y pueda pasar mis durmientes horas. Mi mundo tiene una terraza preciosa con petunias, pensamientos, geranios, hortensias y otras plantas suculentas que no tienen nada de apetitoso.

Ese es mi mundo. No sé cómo son los otros mundos, no los conozco, el único que conozco es este… Llegué a él con apenas un mes de edad. Nunca he tenido madre, no he mamado una teta y por eso no se amasar para que salga la leche. He aprendido los cariños de los que mi ama grande y mi ama pequeña me han dado. Tengo juguetes; una caja entera de juguetes que va creciendo, y creciendo y que yo miro, con bastante desprecio…

Desde la ventana veo el mundo de afuera. Veo gatos hermosos, especímenes libres que se pasean con descaro, incluso se atreven a sentarse regiamente, sobre el banco que hay ante el portal de la vivienda. ¿Los envidio? A veces... No sé si su libertad o su desfachatez para pasearse diciendo, a mi no me va a ocurrir nada… Qué tontos sois, ¿de qué tenéis miedo?

Pero yo tengo miedo, es verdad, a veces mucho miedo, tanto que, al menor ruido, corro a esconderme entre los dos colchones de la cama nido de donde les es imposible sacarme. Ahora que soy más grande me cuesta meterme dentro, pero allí me siento seguro porque pase lo que pase, es un lugar secreto donde nada puede ocurrirme.

Mi mundo está lleno de objetos preciosos que puedo contemplar o usarlos para jugar. Pongo a prueba mi imaginación y los tiro desde lo alto de la mesa o de las estanterías, siempre caen, siempre irremediablemente caen, también los muerdo, se me representan como terribles animales que me acechan y yo, soy un valiente cazador…

Tengo todo el tiempo del mundo para explorar mi mundo.

Me encanta trepar por encima de los muebles y de un salto aterrizar en el sofá, de allí al sillón orejero, de nuevo a la estantería, descubro un recoveco, me entretengo,  me pierdo bajo una silla y aparezco de repente para morder, con más o menos acierto a mi ama. Entonces surge la pelea y me corre por la casa con una zapatilla en la mano,  enfadada de verdad, no comprende que estoy jugando y llamándole la atención aunque sean la una de la madrugada.

Este es mi mundo, tranquilo, reposado, desde los balcones, desde la terraza, un mundo de varias habitaciones, de estanterías llenas de libros que mi anfitriona devora, desde las carreras por los pasillos, una comida al día, agua fresca, sillones cómodos donde sestear durante la mayor parte de la jornada, arena limpia cada mañana… ¿Me puedo quejar? ¿Puedo?

Es verdad que si veo al gato siamés, color gris, del vecino que se pasea orondo frente a la casa, me imagino que existen otros mundos y otras formas de vivirlos, que su casa está llena de puertas y de ventanas por las que escapar. Yo no conozco otras cosas, no fui siquiera un gato de la calle, enseguida alguien se ocupó de alimentarme a mí y a mis hermanos el primer mes de vida y después pasé a este lugar.

Pero también existe la gata negra de maullido lejano y lastimero, sufre, lo sé por instinto. Su mundo no es de sofás mullidos ni de croquetas sabrosas, no goza de mimos ni de caricias, es una minina de la calle, vagabunda, ¿dolorosamente libre?  Me pregunto si lo ha elegido, si siempre fue así,   si tuvo otra opción. A veces se viene a mi ventana y yo siento que me llama. En las noches frías de este invierno su llanto lastimero me penaba y a veces entorpecía mi facilidad para el sueño, pero es tan poco lo que puedo hacer que, confieso para no dolerme, acabo por ignorarla.

 Sé exactamente cuantos metros tiene el pasillo, la ventana exacta a la que primero llega el sol, el rincón donde se domina mejor la calle, el nombre de la vecina de enfrente, la del piso de al lado, el sonido del timbre del portero automático y la voz de la cartera cuando viene a visitarnos.

A veces me asomo a la puerta de la calle como queriendo saber más, incluso un día bajé  un piso, de habérmelo permitido, ¿osaría llegar más lejos?.

He aprendido a querer y a que me quieran, a que me corten las uñas, cosa que odio,  a tocar sin arañar, morder sin marcar, pedir permiso, tender la mano. ¿Soy tal vez un gato borrego? ¿Un tonto gato domesticado que cumple las normas sin planteárselas? Prefiero no pensar demasiado, escucho lo que se dice, lo que mi ama comenta, soy su compañía, el nieto que no llega, el niño a quien regañar cuando hace algo malo, la reflexión en voz alta, la excusa para hacer que viva un pequeño comercio cercano a la casa, el motivo para salir a buscarme comida, soy un gato de alquiler por comida, cama y compañía.

Me quieren, quiero, paseo por la casa a mi aire, excepto la cocina y el baño que me han sido vetados por comilón peligroso y por mi entusiasmo ante las gomas de la mampara.

Sabiendo lo que sé, ¿puedo en realidad quejarme de lo que tengo?    

 

sábado, 17 de abril de 2021

Caperucita en tiempos del Corona Virus. Lupe Perez

Mi querida amiga Lupe me envía este cuento de una Caperucita Muy Roja.

Imagen tridimensional del libro "Un lobo boquiabierto"

Había una vez una niña…….que vivía en una casa  en tiempos del coronavirus y, ya sabemos, que además no podía salir de casa porque estaban confinada.

Un día, el 14 de abril,  que era su cumpleaños,  y el de su abuela, porque coincidían en el día, su mama le mandó o le sugirió ( porque ya se intentaba mandar un poquito menos) llevar a la abuelita la cesta de la merienda, o del desayuno, o de la comida, o de la cena… Para el cuento  da  casi igual.

 Caperucita necesitaba aire. Llevaba 24 días en casa encerrada ( confinada decían los eufemismos) y ella quería correr y volar. Casi no creía que era la voz de su madre  la que decía: Caperu, a la abuelita le podemos llevar la merienda. Es persona de riesgo y podemos cuidarla.

El caso es que  ella se fue a casa de la abuelita. No estaba para buscar la verdadera razón de la vida y resolver  los por qués. Iba tan tranquila. Es verdad que le sorprendió oír muuuuuuchos  más pájaros por el bosque, ver muuuuuuchas más ardillas entre los árboles……oler el romero muuuuucho mas intensamente… contemplar muuuucho más colorido en el bosque….. Pero ella siguió por el camino para llegar a casa de su abuela que, hoy,  parecía que se sentía más sola, más triste, y algo más hambrienta que un mes atrás.

Siguió  por el bosque, sin imaginar siquiera que los lobos  aullaban por allí. Le habían  contado que habían vuelto a las ciudades para intentar convencer a la gente de que ellos eran “lobos y lobas de bien”.

Se tropezó con algún despistao:  Hola Caperucita. ¿Tienes el coronavirus ” “jolín  -decía Caperucita el 14 de abril_ … podían haberlo llamado de otra manera a este bicho” “Que digo que si mantenemos la distancia de seguridad o nos saludamos como en otros cuentos”- propuso el lobo”. “Pues mira, yo prefiero que te quedes a la distancia de seguridad. Ver las cosas con perspectiva me ayuda a decidir”-respondió Caperucita.

El lobo se extrañó. Él quería decirle que hay veces en la vida en que apetece coger los caminos largos: cuando por fin sales de casa y quieres respirar un rato, cuando no sabes cuál será la próxima vez, cuando eres consciente de que es la primera , cuando tu abuela es de tal calibre que le da igual merendar 5 minutos antes o después”

A Caperucita le costó entender que quizás está vez, para su cuerpo era mejor el camino largo y volar. Al lobo le costó cambiar el argumento.

Quizás los dos sabían que el coronavirus donde mejor acompaña al ser humano es estando muuuuyyyy lejos. En ningún lugar

Caperucita,  consiguió volver a casa, después de hablar con más  lobos y lobas.

Ya en casa, mientras cerraba los ojos, aquel Martes 14  de Abril de 2020, susurró, a gritos:

“Los virus son reales, pero las coronas son una mierda de invención  de los o las poderosas contra el pueblo.”

Y soñó.


lunes, 5 de abril de 2021

El barquito, la tormenta y la clase de español

A este cuento ya hice referencia en otra entrada, pero no había sido fiel al texto dando por descontado que era suficientemente conocido. En este caso vuelvo a traerlo con una de las muchas versiones en que lo he contado a lo largo de mi tarea como narradora ya que lo he preparado para una clase de una escuela de Venecia con alumnado de 13 y 14 años que estudian español como segunda lengua.

He señalado en rojo las palabras importantes que luego debían recordar para poder contar el cuento ellos y ellas  o que tuviera que tener la traducción en italiano prevista ya que no se parecían a nuestra lengua.

 Este cuento se narra a la vez que se va plegando un papel, se le pide al público que participe haciendo el viento y la tormenta. Cada uno puede tener su barco o ir haciéndolo mientras se cuenta la historia.

 Había una vez un niño llamado Manolo que era muy aventurero.

Un día decidió que quería ir a explorar el mundo. Cogió su mochila, guardó en ella su juguete favorito, unos bocadillos, una botella de agua y emprendió su camino.

Pasaron varios días y nuestro amigo llegó a un país lleno de unos triángulos gigantescos. ¿Alguien sabe cómo se llama este país? Claro que sí, Egipto. ¡Qué bonito Egipto! ¡Qué bonitas las pirámides! Pero, ¡qué calor! Manolo decidió que se compraría un sombrero. Eso es- se dijo:- necesito un sombrero para quitarme un poco el calor.

Se dirigió hacia una sombrerería cercana y después de saludar educadamente al sombrerero, le pidió que le vendiera uno de sus sombreros.

 Nuestro amigo pagó su compra y salió a la calle. Pero pronto advirtió que el sombrero le quedaba demasiado grande, por lo que entró de nuevo en la tienda y pidió que se lo cambiaran. El sombrerero entró al almacén y trajo a Manolo un sombrero más pequeño. Este si le quedaba bien; era perfecto.

Manolo continuó viendo todas aquellas preciosas pirámides, pero... ¡Qué calor! Tenía tanto calor que decidió acercarse a un río que hay allí. Nada más y nada menos que al Nilo. Allí nuestro amigo el aventurero se alquiló una barca y se dispuso a navegar un rato.  ¡Qué bien! ¡Qué fresquito estaba ahora con el agua salpicándole! Estaba encantado.

Pero de repente comenzó a levantarse el viento, un viento terrible y casi huracanado. Manolo estaba muy asustado. La barca se movía con fuerza de un lado a otro. En un instante la popa chocó contra un árbol que flotaba por el río a la deriva y se partió. El agua empezó a entrar dentro de la barca. Manolo no sabía qué hacer y lloraba asustado.

Las cosas estaban casa vez peor y al poco rato empezó a llover cada vez más y más  fuerte, tenía la tormenta encima.  La barca volvió a chocar, esta vez contra   una roca y ahora fue la proa la que se partió. 


La tempestad rugía con toda su fuerza, los truenos relámpagos se 

sucedían uno tras otro. Manolo desesperado se subió al mástil del 
barco albero della nave, pensaba que allí se sentiría más seguro, 
pero un rayo cayó y partió el mástil en dos. Era irremediable, mientras 
Manolo pedía socorro por la radio el barco se hundió.

 


Los padres de Manolo empezaron a preocuparse. Él no daba señales de vida. Ni contestaba al móvil, ni mandaba correo electrónico, ni una postal,...

Temiéndose lo peor, se dirigieron al aeropuerto y se embarcaron en un vuelo hacia Egipto, que era el país preferido de Manolo. Cuando llegaron allí empezaron a preguntar y averiguaron que Manolo había estado en la sombrerería. Siguieron investigando y supieron que también había alquilado una barca. Fueron rápidamente a hablar con el barquero. Este les dijo que era cierto; Manolo había alquilado la barca, pero hacía ya dos días y aún no había vuelto.

Rápidamente organizaron una operación de rescate, los guardacostas, tres barcos de salvamento, los bomberos, la policía, llegaron.


Entonces, los
submarinistas se sumergieron en las aguas del Nilo. Y, ¿sabéis qué fue lo primero que encontraron? Pues aquí está, la camiseta de Manolito.

¿Y qué había sido de Manolito? Siguieron buscando y lo hallaron encaramado a un cocotero en un pequeño islote. Y todos juntos volvieron felices a casa. Manolito prometió a sus padres no volver a salir solo hasta que se hiciese mayor.

Y colorín colorado...

 

 

Pasos para realizar la historia:

1. Necesitamos un rectángulo de papel (folio o similar)

2. Doblamos por la mitad. Doblamos las esquinas al centro.

3. Formamos un triángulo, Ya tenemos la

pirámide.

4. Doblamos la parte inferior hacia arriba y obtenemos el sombrero

grande.

5. Abrimos del centro y aplastamos. Obtenemos un cuadrado.

6. Doblando las dos esquinas hacia arriba obtenemos el sombrero

pequeño.

7. Tirando desde el vértice superior convertiremos la figura en un

barquito.

8. Se desata la tempestad. Romperemos la popa del barquito, y

después la proa.

9. Rompemos el mástil dando forma  semicircular al corte.

10. Al desdoblar obtendremos la camiseta de Manolito.

 

       Cuento popular adaptado por Yolanda  Fernández del grupo de trabajo del Cuentacuentos.

 Los dibujos y collages son aportaciones de una clase del colegio Jagher-Sansovino Venecia.

 

 

domingo, 28 de marzo de 2021

De Como Nico Grande y Nico Chico dibujaron el cuento del Gallo Kiriko

 

Para contar esta historia le pedí a los dos Nicos de mi familia que me dibujaran algunos de los personajes de este cuento, entonces Nico Chico era pequeño de verdad pero ya pintaba de maravilla y como podéis ver su tío Nico Grande también lo hacía genial...

En un gallinero muy postinero se iban a celebrar unas bodas de alto plumero.

Las bodas del tío Perico, que había invitado a su sobrino el gallo Kirico.

Y el gallo kirico, que vivía muy lejos, se levantó más temprano que nunca para ir a las bodas de su tío Perico. Muy aseado y muy bien vestido, allá va tan pimpante el gallo Kirico.

De pronto, ¿sabéis con qué se topó? Pues con una caca de la vaca, llenita, llenita de granos de trigo. ¡Uhm, con el hambre que llevaba el gallo Kirico! Entonces dijo:

-¿Pico o no pico? Si pico me ensucio el pico, y no podré ir a las bodas del tío Perico. Pero si no pico me muero de hambre y para otro el trigo.

Total que no pudo resistir la tentación y picó. ¡Vaya si picó! Y todo el pico se manchó.

-¿Y ahora qué hago? ¿Cómo voy a presentarme así en las bodas del tío Perico?

Camina que camina, muy preocupado, el gallo kirico llegó hasta un prado. Allí vio ¿sabéis que vio? Una malva; y el gallo le dijo:

-Malvita, malva, límpiame el pico, que voy a las bodas del tío Perico.

-No quiero- dijo la malva-. No haberte ensuciado. 

Y el gallo Kirico siguió su camino. Anda que anda, muy enojado, se encontró una oveja en otro prado.

-Ovejita, bonita, cómete la malva, que no quiso limpiarme el pico para ir a las bodas del tío Perico

-No quiero- dijo la oveja-. No haberte ensuciado.

Y el gallo Kirico no tuvo más remedio que seguir su camino. Anduvo y anduvo, muy enfadado, hasta encontrarse con un lobo que estaba muy flaco.

-Lobo, lobito, muérdele a la oveja que no quiso comerse la malva, que no quiso limpiarme el pico para ir a las bodas del tío Perico. 

          -No quiero- dijo el lobo-. No haberte ensuciado

. 


¿Qué diréis que hizo el gallo Kirico? Seguir su camino y apenas había empezado a andar se encontró… ¡al fuego!

-Fuego, fueguito, quema al palo, que no quiso pegarle al lobo, que no quiso comerse la oveja, que no quiso comerse la malva, que no quiso limpiarme el pico para ir a las bodas del tío Perico.

-No quiero- dijo la candela-. No haberte ensuciado.

Entonces se encontró un río.

-Río, río, apaga el fuego, que no quiso quemar al palo, que no quiso pegarle al lobo, que no quiso comerse la oveja, que no quiso comerse la malva, que no quiso limpiarme el pico para ir a las bodas del tío Perico.

-No quiero- dijo el río, y siguió su corriente.

¡Qué mala gente! El gallo Kirico ya casi volaba aunque iba muy triste. ¿Y sabéis qué se encontró? ¡Una vaca!

-Vaca, vaca, bébete el agua del río, que no quiso apagar el fuego, que no quiso quemar al palo, que no quiso pegarle al lobo, que no quiso comerse la oveja, que no quiso comerse la malva, que no quiso limpiarme el pico para ir a las bodas del tío Perico.


- No quiero dijo la vaca respondió¿Y el gallo Kirico?

-Con la vaca se puso pesada y  una coz le ha pegado.

-¡Y qué más?

-Que al río se ha caído y se ha puesto empapado.

-¿Y qué más?

-Que en las bodas no entran gallos tan mojados, y el gallo Kirico, con su pico limpio, fuera se ha quedado.

Y colorín colorado, ¡este cuento se ha acabado!

FIN

Cuento recopilado por  Antonio Rodríguez Almodovar


En otra versión de este mismo aparece la muerte, he aquí como Nico grande y Nico chico hicieron sus diferentes versiones.





 

 

 

lunes, 15 de marzo de 2021

UN DULCE IGLÚ. Isabel Villanueva

 Cuentos para contar con papel y lápiz. Se van haciendo los dibujos a la vez que se cuenta el cuento


Isabel vive en el Polo Norte, con su mamá, en un precioso iglú. Es el más grande de todo el poblado, un iglú con su puertecita y todo. (Dibujo 1)

 Un día, su madre la mandó a la tienda y la niña se fue por el camino de la izquierda, cuando llevaba recorrido una parte del camino se dio cuenta de que no reconocía nada de la ruta por donde caminaba, así que siguiendo sus propias huellas, para no perderse en la nieve, volvió a su casa. (Dibujo2)

Antes que viera su mamá que no había hecho los recados que le había mandado salió corriendo por el camino de la derecha, caminó, caminó y caminó, (Dibujo 3)

 Hasta que llegó a casa de su amigo Ivan (dibujo 4), se asomó a la puerta y le gritó, -¡Ivan, ¿me puedes decir por favor cual es el camino para ir a la tienda?, ha nevado mucho esta noche y es muy difícil reconocer las veredas.

Ivan le respondió:

- Sigue esta misma calle hasta la casa de Marta que está aquí al lado y vuelve a preguntar 

Y eso hizo, siguió caminando y cuando llegó a casa de Marta (dibujo 5) se asomó a la puerta y  gritó de nuevo

- Marta, ¿me puedes decir por favor cual es el camino para ir a la tienda?, ha nevado mucho esta noche y es muy difícil reconocer las veredas.

Marta le respondió- sigue esta misma calle hasta la casa de Pablo que está aquí al lado y vuelve a preguntar. 

 Y eso hizo, siguió caminando y cuando llegó a casa de Pablo  (dibujo 6) se asomó a la puerta y  gritó- 

Pablo, ¿me puedes decir por favor cual es el camino para ir a la tienda?, ha nevado mucho esta noche y es muy difícil reconocer las veredas.

Pablo le respondió- sigue esta misma calle hasta la casa de Lucas que está aquí al lado y vuelve a preguntar.

 Y eso hizo, siguió caminando y cuando llegó a casa de Lucas  (dibujo 5) se asomó a la puerta y  gritó- 

Lucas, ¿me puedes decir por favor cual es el camino para ir a la tienda?, ha nevado mucho esta noche y es muy difícil reconocer las veredas.

Lucas le respondió- espera un momento que yo te acompaño que también tengo que hacer unos recados a mi madre.

 Y caminaron por el camino uno detrás del otro, ( dibujo 8)

 Atravesaron un larguísimo puente (dibujo 9)

 Y se metieron por una vereda llena de curvas y mas curvas (dibujo 10) y bajaron una colina y subieron otra colina con curvas y más curvas, (dibujo 11)

Hasta que por fin encontraron la puerta de la tienda que era una hermosa PASTELERÍA. (dibujo 13)


Este cuento lo inventó Isabel cuando tenía 12 años.



martes, 9 de marzo de 2021

LA CANCIÓN DE LAS PEQUEÑAS COSAS

Material de DJECO, con papeles de colores y cuatro modelos de dulces sencillos.


Objetivo de la actividad

Reflexionar sobre las pequeñas cosas que nos hacen felices y que quisiéramos compartir con los demás.

Taller

En asamblea hablamos sobre las cosas que echamos de menos en la situación actual

Hacemos una pequeña lista en grupo de las cosas que nos gustan

Hacemos dulces de colores con origami

Escribimos en cada uno de ellos las cosas que nos gustan de cada día y que nos hacen sonreír

Escribimos colectivamente nuestra canción de las pequeñas cosas

Coloreamos los objetos realizados con origami

Los ponemos en una guirnalda para decorar la clase o nuestra habitación

Los regalamos a nuestras amistades o familiares


 

Algunos modelos realizados, a partir de lo aprendido, con papeles sencillos.

Podemos ayudarnos con :


Hay pequeñas cosas que todavía me enamoran...

Los atardeceres pintados de colores,
tatuar
descalzo
mis huellas en la arena,
parir un verso,
una almohada
sin pesares ni temores...

Hay pequeñas cosas que todavía me enamoran...
Alzar la mirada por las noches,
ver a las estrellas acunar mis sueños,
un libro,
la chimenea,
y el crepitar del fuego en el invierno...

Hay pequeñas cosas que todavía me enamoran...
una antigua foto,
melodías que descorchan emociones,
el aroma chispeante del buen vino,
reflejarme
en sus ojos mientras bailo,
y el sentido intransferible de estar vivo...

Hay pequeñas cosas que todavía me enamoran...
Los afectos,
la magia envolvente
de un abrazo desde el alma,
la verdad,
siempre,
al derecho y al revés...
Y cuando la vida abrasa,
una caricia
del manantial del salmo veintitrés..   

Miguel Font

https://elpoemaysuimagen.blogspot.com/2018/11/la-alegria-de-las-pequenas-cosas.html

Esas pequeñas cosas que me llenan de alegría,

Esas cosas simples que aumentan mi ilusión,

Esos hermosos momentos que compartimos,

Esa sonrisa tierna y llena de calor.

Esas palabras dulces que alegran mis sentidos,

Esas cosas simples que la vida me dio.

El disfrute de la lluvia, el calor del sol,

El agua que rocía mi cuerpo.

Un beso tierno desde el corazón.

Un abrazo fuerte, un poema, una rosa, una canción,

Esas cosas que me da la vida, hacen cada día mejor,

Alimentan mi alma, engalanan mis sentidos

Y me hacen lucir mucho mejor.

Esas cosas simples,

Cosas simples del corazón,

Cosas que dan luz a la vida,

Evaden las tristezas,

Cosas que vienen del corazón.

 

Monibe


http://www.mundopoesia.com/foros/temas/pequenas-cosas-que-me-enamoran-de-la-vida.598321/

Y además 

 

https://poemasycuentos.com/esas-pequenas-cosas/

https://culturacolectiva.com/letras/5-poemas-de-felicidad-cortos-para-ninos