miércoles, 26 de mayo de 2021

LA VACA Y EL TRIÁNGULO

Vacas matemáticas o triángulos en vez de cencerros..

A falta de vaca un torito papirofléxico de las corridas del Corpus. 

Una amiga que tiene a bien leer este blog y dejarme comentarios, me ha recordado una divertida retahíla que nuestras madres nos enseñaban cuando pequeñas. Le he prometido que la recordaría y allá va.

La pregunta que se nos lanzaba era:

¿En qué se parece una vaca a un triangulo?

y la asombrosa respuesta era la siguiente

LA VACA ES UN ANIMAL

EL ANIMAL ES UN BRUTO,

BRUTO MATO A CESAR,

CESAR ES NO HACER NADA,

EL QUE NADA NO SE AHOGA,

EL QUE NO SE AHOGA FLOTA,

UNA FLOTA ES UNA ESCUADRA,

Y UNA ESCUADRA ES UN TRIANGULO.


Y ya hemos cerrado el círculo. Pensando en el binomio fantástico se me ocurren mil y una historias mas sobre esa vaca matemática o musical, a saber...

Os animo a qué inventemos otra retahíla tan divertidamente absurda como esta y me la mandéis, prometo publicarla.

domingo, 23 de mayo de 2021

EL JUEGO DE LOS PRINCIPES Y LAS PRINCESAS

Este cuento-juego se hace para mejorar la atención de los niños y las niñas e  incriminarlos en la creación de historias.

Extraido del libro, el pequeño rey de las flores de KVETA PACOVSKÂ

Primero se puede contar un cuento donde intervengan príncipes,  princesas y la corte, después se hace un corro con tod@s sentad@s en sillas, solo la persona que conduce el juego estará de pie. 

Se reparten los papeles de manera que los que están en la posición par del círculo son los príncipes, los impares son las princesas y todo el corro la corte.

Quien narra empieza a contar esa historia u otra que quiera inventar sobre la marcha. 

Al nombrar a los príncipes o a las princesas ést@s tienen que cambiar de sitio entre ell@s, quien está de pie aprovecha para ocupar una de las sillas libres, la persona que queda sin asiento sigue relatando la historia. 

Cuando se dice “La Corte” tod@s cambian de lugar y sigue el relato quien se haya quedado sin silla.

Atención, se mantienen los papeles de príncipes y princesas como fueron denominados al principio del juego, aunque no conserven la posición de pares o impares. 

Juego popular


sábado, 15 de mayo de 2021

LA CASA DE LOS DIMES Y DIRETES

 

 La señora Remansa se ocupa del taller de las palabras de la mansión de piedra donde duermen los dichos.

Su casa está permanentemente abierta, no tiene puertas ni ventanas. Está siempre abierta a todas las voces que pasan a lo lejos o se acercan; el balido de una oveja, el tontón de una vaca, la chavalería del pueblo cuando juega en la era o las motos cuando rugen por la carretera.

A veces su casa se llena de palabras, tantas y tantas aparecen como por ensalmo, que no es extraño encontrar un monosílabo en el espejo del baño o una esdrújula bajo las sábanas. Un día, incluso, una tilde remolona se le coló a la señora Remansa en un ojo y se le quedó completamente acentuado.

Con los estornudos provocados por un ataque de alergia que le duró tres días, puso perdida la casa de bisílabos graves, por lo que se vio obligada a invitar a las personas que asistían a su taller a merendar, y les preparó; un bizcocho de chocolate que da para mucho juego, una tarta de ruibarbo para atreverse con lo desconocido y un helado de zarzamora que es como muy largo y duradero.

Cuando terminaron de comer les entregó a cada cual una bayeta realizada con un ligero fragmento de gasa color blanco, para evitar las interferencias, y durante toda la tarde recogieron vocablos de toda la casa para luego sacudirlas en sus cajas particulares de palabras.

Como terminaron con las cabezas llenas de frases sin sentido, jugaron al aire libre al píllame- píllame y a contar canciones de locura, en que la única norma es no decir nada que merezca la pena ser oído pero en que la risa esté asegurada.

A veces, Remansa recibe en su casa a niños y a niñas, incluso a adolescentes,que vienen de muy lejos y que sufren de escepticismo palabril o de silencio retardado. Se trata de criaturas a las que las palabras le producen alergia, les salen ronchas en presencia de un libro y sufren de somnolencia aguda ante una conversación interesante.

Remansa les deja vagabundear a su aire por la casa de las palabras,  por el huerto de las plantas asombrosas y adentrarse sin normas por el jardín del rumor.

En su taller nunca se ha producido un solo fracaso.

Al principio cuando llegan a la casa de las palabras se quedan en estado de “pasmés aguda”, limitándose durante las primeras horas a mirar con aire escéptico un punto fijo de la gran estancia esperando que salgan imágenes a entretenerles. O bien se sientan en un rincón con cara de aburrimiento, extrañados de que  su móvil haya dejado de funcionar y hayan olvidado el nombre del aparato y su utilidad.

A los pocos días encuentran como por descuido, alguna palabra en su calcetín, en un bolsillo o debajo de la almohada (que son las más eficaces) y después con una inmensa tarta de zanahoria cubierta de chocolate malteado, una gran mesa rodeada de chicos y chicas como ellos, poco espacio, sin platos, ni cucharas, empiezan a meter las manos en la fuente, a rozarse con quien tienen al lado, a protestar, a asustarse, a chuparse los dedos y como por arte de magia les surge la necesidad de saciar su  curiosidad por escuchar términos nuevos y aparecen así las primeras respuestas a las preguntas de Remansita.

Al comienzo sólo bisbisean monosílabos, emiten onomatopeyas, apenas movimientos tenues de cabeza, miradas de reconocimiento alrededor y se van escapando algunas risas….

Y poco a poco se van incorporando al taller. Miran con reticencia, sonríen por lo bajini, hasta que emiten una sonora “CARCAJADA”, enorme palabra llena de tantos monosílabos, comienzo inequívoco de que los bisílabos biensonantes y bienhacientes están por llegar.

    

 

domingo, 9 de mayo de 2021

AL FINAL DEL ARCO IRIS. Richard Thompson

 


Conforme vamos contando el cuento vamos realizando el dibujo siguiendo la numeración. Podemos alargarlo y añadirle lo que deseemos.

Nicolás vivía en una  calurosa y polvorienta pradera. (1) En una casita con dos ventanas pequeña. (2) Un día miró por la ventana y vio un arco iris precioso que aparecía detrás del cielo saliendo de las colinas. Había escuchado que se podía encontrar un tesoro al final del mismo, así que decidió ir a buscarlo. Caminó hasta que llego a la falda de la colina, (3) estaba cansando y tenía muchísima sed, pero siguió andando hasta que llegó a una casita pequeña donde vivía un nomo. (4)

—¿Cuánto tengo que andar para llegar al final del arco iris? — le preguntó—, estoy  buscando el tesoro.

—¡Ay! —dijo el nomo—, ¿qué es lo que más te gustaría tener de todo el mundo?, tal vez pueda ayudarte, o no.

Nicolás se secó la frente y pensó un momento que es lo que le haría más feliz y se lo dijo al nomo. Este le aclaró:

—Sigue el mismo camino por donde has venido y cuando pases las hierbas de la pradera (5) encontrarás una casa donde vive Monias.

Así que Nicolás continuó la ruta, subió por la colina hasta que llegó a una cabañita en donde conoció al mago Monias. (6)

—Dime amigo, ¿qué buscas que te convertiría en el animal más feliz del mundo? Lo mismo puedo ayudarte, o no. Nicolás se lo dijo y Monias se rió:

—Eso no es un gran deseo— Pero le indicó a Nicolás el camino que debía seguir para llegar al final del arco iris y le regaló, además, unas botas mágicas.

—Sube la colina y sigue hasta el final y lo encontrarás.

Nicolás se puso las botas y comenzó a escalar, subió y trepó durante todo el día, bajo un sol ardiente, hasta que llego al final del arco iris (7) y lo que vio fue nada más y nada menos que la ciénaga de barro más grande que hubiera conocido en su vida. (8)

Con un suspiro de felicidad se deslizó por el arco iris, hasta que cayó en medio del lodazal, bien fresquito y se sumergió, en él, hasta el rabo (9) y en ese momento una sonrisa enorme apareció en su cara (dibujar la sonrisa) y se sintió el cerdo más feliz del mundo….

 

domingo, 2 de mayo de 2021

JUEGOS DE MANOS

Se establece un dialogo entre quien conduce el juego y el público, las dos frases finales se hacen conjuntamente, la retahila se puede alargar lo que se desee y darle cada vez más velocidad

El gatito Leo ilustra este divertido juego de manos

P-Misi, misi.

R-¿Dónde están los gatos?

P-Cazando ratones.

R-¿Dónde están los ratones?

P-Comiendo queso.

R-¿Dónde está el queso?

P-Se lo llevaron los perros.

R-¿Dónde están los perros?

P-Se fueron al agua.

R-¿Dónde está el agua?

P-Se la bebieron los bueyes.

R-¿Dónde están los bueyes?

P-Acarreando la paja.

R-¿Dónde está la paja?

P-La escargataron* las gallinas.

R-¿Dónde están las gallinas?

P-Debajo de las faldas de la tía Serafina.

R-¿Dónde está la Tía Serafina?

T-Haciendo madejas (liando las manos hacia la adelante)

T.-Haciendo ovillos  (liando las manos en dirección contraria)


Juego popular

 

 *escargataron, del asturiano, picotear..


viernes, 23 de abril de 2021

UN CUENTO DE PALOMAS de Concha Espina

La clásica pajarita de papel

Doce años tiene la Zagala. Se llama Rosa Luz y no tiene padre... Su madre, joven labradora, abnegada y valiente para el trabajo ha caído enferma  de agotamiento. Rosa Luz que adora a su madre, observa como esta languidece y piensa con dolor que puede hacer ella. Y pensando, pensando surge una idea y si comprara en la botica de la villa aquella medicina que anuncian como reparadora de males...

Pero... cuesta dinero y ellas son pobres, su madre no se lo consentiría.

Ya está...venderá los palomos, sus pichones hermosos y preferidos. Con pretexto dispone el viaje y subiendo al palomar prende los dos palomos destinados a la inmolación. Los acaricia  mucho  ¡los quiere tanto! Les pone fina y delgada la ligadura de las patas y escondiéndolos con habilidad, parte para la villa.

Turbio está el cielo, las nubes agachadas y ceñudas presagian tormenta, pero Rosa Luz no se da cuenta. Camina y camina sonriente pensando en la venta de aquellos pichones, con el importe de la cual comprará el licor maravilloso.

Allá en el mercado, todo fue bien. Una señora escuchó la pena honda que la niña tiene y le dice temblorosa de emoción:

— Guárdatelos y toma para la medicina. Agradecida la zagala ha llorado pensando en la madre.

Descendía de las cumbres la niebla de la noche, silbaba el viento y algunos copos blancos empiezan a caer. Rosa Luz llevaba el canasto con la botella de licor y los palomos. Empieza a andar y andar, pero no encuentra su rumbo. Borradas todas las rutas por la nieve no se distinguen los caminos; la niña asustada, reza. Muy cerca suena el río ancho y turbio, que aturde más aun a la pobre caminante. Se cansa, vacila. Y al perder los ánimos, piensa en dar libertad a los palomos para que se salven ellos, llevando al solitario caserío su último adiós. Los pichones libres y sacudidos, levantan sobre la niña un vuelo corto, sin moverse como si aguardaran y Rosa Luz corre detrás de ellos ansiosa de alcanzarlos otra vez ¡Quisiera volar, quisiera vivir!

Así va andando la niña detrás del vuelo de los pichones.

La sombra de la noche sigue detenida por el claror de la nieve. La madre aguarda a su hija con loca incertidumbre, sale al portal a otear los senderos.

Baja al camino y dice al viento el nombre amado con un grito de avidez;

—¡Rosa Luz, Rosa Luz! —. Como respuesta, dos aves llegan del fondo de la noche y se posan en sus brazos. Ella reconoce a los palomos preferidos de su hija y vuelve a gritar:

 —¡Rosa Luz!,

—¡Aquí estoy! —responde una voz cercana.

Una silueta menuda se yergue en el lindero y la niña, guiada hasta allí por los palomos al través de la ruta blanca, se refugia también en el regazo de la madre con su ofrenda de salud y amor.   

Un precioso colibrí de origami para ilustrar el desconocido cuento de esta gran autora. 


martes, 20 de abril de 2021

MI gato de alquiler

Este cuento lo escribí en el taller de escritura que sigo desde hace tiempo con el escritor Alfonso Salazar y cuando nos pidió que hiciéramos un relato de nuestro año de pandemia ésta fue la manera que se me ocurrió plantearlo. Agradezco a mi gato Leo el dejarme utilizarlo como voz narrativa.


Dibujo de Isabel Villanueva Flores

Miro el mundo desde la ventana, mi mundo tiene jardín y muchos árboles, un castaño, varios pinsapos, nísperos, y una enorme araucaria con la que sueño trepar algún día. Mi mundo está repleto de luz, incluso de solecito alegre por las mañanas que voy buscando para calentar mi lomo. Mi mundo no es redondo como los otros mundos, es plano, con miles de recovecos que investigar, con escondites mágicos donde vengo a refugiarme y pueda pasar mis durmientes horas. Mi mundo tiene una terraza preciosa con petunias, pensamientos, geranios, hortensias y otras plantas suculentas que no tienen nada de apetitoso.

Ese es mi mundo. No sé cómo son los otros mundos, no los conozco, el único que conozco es este… Llegué a él con apenas un mes de edad. Nunca he tenido madre, no he mamado una teta y por eso no se amasar para que salga la leche. He aprendido los cariños de los que mi ama grande y mi ama pequeña me han dado. Tengo juguetes; una caja entera de juguetes que va creciendo, y creciendo y que yo miro, con bastante desprecio…

Desde la ventana veo el mundo de afuera. Veo gatos hermosos, especímenes libres que se pasean con descaro, incluso se atreven a sentarse regiamente, sobre el banco que hay ante el portal de la vivienda. ¿Los envidio? A veces... No sé si su libertad o su desfachatez para pasearse diciendo, a mi no me va a ocurrir nada… Qué tontos sois, ¿de qué tenéis miedo?

Pero yo tengo miedo, es verdad, a veces mucho miedo, tanto que, al menor ruido, corro a esconderme entre los dos colchones de la cama nido de donde les es imposible sacarme. Ahora que soy más grande me cuesta meterme dentro, pero allí me siento seguro porque pase lo que pase, es un lugar secreto donde nada puede ocurrirme.

Mi mundo está lleno de objetos preciosos que puedo contemplar o usarlos para jugar. Pongo a prueba mi imaginación y los tiro desde lo alto de la mesa o de las estanterías, siempre caen, siempre irremediablemente caen, también los muerdo, se me representan como terribles animales que me acechan y yo, soy un valiente cazador…

Tengo todo el tiempo del mundo para explorar mi mundo.

Me encanta trepar por encima de los muebles y de un salto aterrizar en el sofá, de allí al sillón orejero, de nuevo a la estantería, descubro un recoveco, me entretengo,  me pierdo bajo una silla y aparezco de repente para morder, con más o menos acierto a mi ama. Entonces surge la pelea y me corre por la casa con una zapatilla en la mano,  enfadada de verdad, no comprende que estoy jugando y llamándole la atención aunque sean la una de la madrugada.

Este es mi mundo, tranquilo, reposado, desde los balcones, desde la terraza, un mundo de varias habitaciones, de estanterías llenas de libros que mi anfitriona devora, desde las carreras por los pasillos, una comida al día, agua fresca, sillones cómodos donde sestear durante la mayor parte de la jornada, arena limpia cada mañana… ¿Me puedo quejar? ¿Puedo?

Es verdad que si veo al gato siamés, color gris, del vecino que se pasea orondo frente a la casa, me imagino que existen otros mundos y otras formas de vivirlos, que su casa está llena de puertas y de ventanas por las que escapar. Yo no conozco otras cosas, no fui siquiera un gato de la calle, enseguida alguien se ocupó de alimentarme a mí y a mis hermanos el primer mes de vida y después pasé a este lugar.

Pero también existe la gata negra de maullido lejano y lastimero, sufre, lo sé por instinto. Su mundo no es de sofás mullidos ni de croquetas sabrosas, no goza de mimos ni de caricias, es una minina de la calle, vagabunda, ¿dolorosamente libre?  Me pregunto si lo ha elegido, si siempre fue así,   si tuvo otra opción. A veces se viene a mi ventana y yo siento que me llama. En las noches frías de este invierno su llanto lastimero me penaba y a veces entorpecía mi facilidad para el sueño, pero es tan poco lo que puedo hacer que, confieso para no dolerme, acabo por ignorarla.

 Sé exactamente cuantos metros tiene el pasillo, la ventana exacta a la que primero llega el sol, el rincón donde se domina mejor la calle, el nombre de la vecina de enfrente, la del piso de al lado, el sonido del timbre del portero automático y la voz de la cartera cuando viene a visitarnos.

A veces me asomo a la puerta de la calle como queriendo saber más, incluso un día bajé  un piso, de habérmelo permitido, ¿osaría llegar más lejos?.

He aprendido a querer y a que me quieran, a que me corten las uñas, cosa que odio,  a tocar sin arañar, morder sin marcar, pedir permiso, tender la mano. ¿Soy tal vez un gato borrego? ¿Un tonto gato domesticado que cumple las normas sin planteárselas? Prefiero no pensar demasiado, escucho lo que se dice, lo que mi ama comenta, soy su compañía, el nieto que no llega, el niño a quien regañar cuando hace algo malo, la reflexión en voz alta, la excusa para hacer que viva un pequeño comercio cercano a la casa, el motivo para salir a buscarme comida, soy un gato de alquiler por comida, cama y compañía.

Me quieren, quiero, paseo por la casa a mi aire, excepto la cocina y el baño que me han sido vetados por comilón peligroso y por mi entusiasmo ante las gomas de la mampara.

Sabiendo lo que sé, ¿puedo en realidad quejarme de lo que tengo?