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jueves, 7 de agosto de 2025

EL CHUPETE DE VALDEMARS

Compré este divertido cuento escrito y dibujado por Maria Jönsson, en Suecia en el verano del 18. Desde entonces descansa en mi nutrida librería a la espera de salir de sus forzadas vacaciones. Este verano ha sido el momento apropiado para traducirlo y poder contarlo el curso que viene. 

 

En la portada del libro Valdemar su hermanita Linn y sus chupetes.

Después de contar tantas veces el cuento del chupete de Gina y obtener el éxito que tuvimos con él, pensé que otro nuevo cuento sobre el tema nos serviría para llamar la atención de las criaturas mas peques. 
El que el libro estuviera escrito en sueco es otro aliciente para ver que es un tema universal.

Una de las cosas que más me gustaron del libro fueron sus sencillos y divertidos dibujos, ya que utiliza muy pocos colores haciendo que fueran el negro y el rojo la cromática fundamental y señalando apenas unos apuntes de otros colores en otras páginas.  

Indicar que en el libro es el padre el amo de la casa que se ocupa de los peques y de las tareas del hogar, de hecho no hay presencia de la madre en ninguna página. 

Cómo no señalar que los conflictos entre el hermano mayor y la hermana pequeña están servidos, Valdemars  puede cuidar a su hermanita Lin pero no es capaz aún de abandonar su chupe. 

Como expresa en la última página del libro: 

-Si ahora soy un lobo grande también puedo decidir cuando dejar mi chupete.

Y se marcha tan contento con él en el hocico.





 

lunes, 4 de diciembre de 2023

LLEGÓ TARDE

 


Llegó tarde como aquel otoño del año 23 que se resistía a dorarse. Desde el primer día, el primer anhelo, la primera sonrisa, la nena llegó tarde. Hija de una madre añosa cercana a los cincuenta, padre ausente y futuro incierto, decidió llegar tarde hasta a su propia historia. Tal vez, supo desde la placenta, que medio mundo andaba en guerra y que en menos de un siglo quizás, el planeta dejaría de existir. El caso es, que hasta a su propio nacimiento, Luna llegó tarde.

Se hizo esperar treinta y ocho largas horas, para acabar siendo extraída gracias a una cesárea, urgente, que no comprometiera aun más su existencia.

Llegó tarde al primer lamento, al primer abrazo y llegó tan tarde al pecho de su madre que tuvo que criarse entre biberones.

Parecía que su sino sería el ser extraña, diferente, anómala, otra… Criatura delicada de ojos negros y enormes que miraban, ingenuamente miraban.

Entre exámenes, revisiones y batas de hospital, llegó tarde también a sus primeros gorjeos, sus primeros pasos, su primera palabra, hasta que un día su madre cansada de tanta peregrinación absurda, decidió que esta criatura era sencillamente un ser distinto y como tal había que aceptarla.

Desde ese instante la bebé emprendió la vida plácida que había elegido: confiada, paciente, tranquila, callada, mirada cercana de ojos desmayados, insondables y a la vez presentes.

Poco a poco Luna se fue incorporando al mundo de otras criaturas, siempre a su ritmo, con su calma innata, su liviandad en el gesto, como queriendo en todo momento relajar cada inocente movimiento. Gateó, caminó, habló… siempre más tarde que los demás pero en definitiva, a su ritmo.

En la escuela se ausentaba en sus juegos, tranquila como el mar en calma. Si alguien ocupaba su burbuja personal, ella livianamente se retiraba, no mucho, lo suficiente como para concederle un amable hueco, siempre con el mismo gesto entre complaciente y comedido.

No fue hasta los ocho años que no descubrieron su capacidad innata de expresión. Cuando Pablo, su profesor de plástica, le puso en las manos una caja de ceras brillantes y un enorme espacio de papel. Luna, tímida al principio, se llenó los ojos de lápices, los acarició varias veces desde la punta a la base, se los acercó a la cara, los olió con complacencia como si de aromáticas papayas se tratase, se manchó cada uno de los dedos y después de este exhaustivo reconocimiento, trazó un ligero vuelo azul en la inmaculada superficie de la hoja…

Pasaron dos maravillosas horas en que la niña Luna, sumergida en su particular mundo de color, saturó el inmenso mar de papel hasta que no quedó libre ni un solo centímetro. Había descubierto su excepcional universo.

domingo, 9 de octubre de 2022

CUENTOS DE NIÑAS de Carolina Escobar Sarti

 

Dibujo de Monserrat 7 años

Os traigo un precioso y desconocido poema de origen guatemalteco.

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Acaba de nacer
entre el invierno y los encajes.
 
Nació pequeñita
de alas
de vuelos.
 
Recibió muñecas,
anillos, flores
y velos.
 
Le contaron los cuentos
de príncipes y hadas
y le soñaron sus sueños.
 
Le enseñaron recetas
le escondieron aquello,
la tuvieron viviendo
caminitos estrechos.
 
Llegó el príncipe
en un corcel negro
y la llevó al castillo
de sus abuelos.
 
Empezó a morir la niña
entre el otoño y los sueños.
 
Los años pasaron
sin dolor
sin misterio.
 
Y los velos rasgados
dejaron todo
al descubierto.
No había más sueños,
ni príncipes, ni fuegos,
solo cansancio y silencio.
 
Entonces nació la otra niña,
la de la primavera.
 
Nació grande
de deseos, 
de sueños.
 
Recibió alas, palabras
estrellas
y besos.
 
Escucharon sus cuentos
de aventuras y juegos
y gozaron sus versos.
 
Le enseñaron el canto
y el sentimiento
y voló por los aires
casi sin tocar el suelo.

No esperó al príncipe,
Ella alzó el vuelo
y vivió entre los mares, la tierra
y el cielo.


 Carolina Escobar Sarti

martes, 25 de enero de 2022

LA VERDADERA HISTORIA DE LA RATA QUE NUNCA FUE PRESUMIDA

 Os traigo este cuento popular, de origen balear, que ha sido nominado dentro de los 25 mejores cuentos del año por el NEW YORK TIMES. 


Ponen el texto Ana Griot y las ilustraciones Violeta Lópiz. La editorial corresponde a Libros de las malas compañías, 2020 Madrid.

No se trata nada más y nada menos que la conocidísima historia de nuestra ratita presumida, pero que en este caso el cuento se va transformando para acabar en un recorrido entre animales para intentar solucionar un problema que tiene la ratita...

¿Si?, ¿no?... Logrará su maridito lo que la rata le solicita con apremio...







Un sorprendente final nos deja con la boca abierta.
No cuento más.
Ratita no quería ser presumida, lo que después pasó, tal vez tenía que pasar.
Dibujos preciosos y sugerentes acompañan la historia. 
Para criaturas de seis años en adelante.
A por ella¡¡¡¡¡¡¡¡

En Granada la encontrarás en la librería UN MUNDO FELIZ 

  

martes, 28 de diciembre de 2021

¿JUGAMOS?

 

Mini dominó

Parece que las cajas de cerillas, que contienen todo menos mixtos, están llamadas a encontrarme. 

Eso me ocurrió ayer estando en casa de mi madre en que, para distraerla, saqué la caja de juegos de mesa, esa caja mágica que entretuvo muchísimos ratos de nuestra infancia. 
Entre la oca, el parchís, un tangram, un puzzle de madera, siete cubiletes de colores y un sinfín de fichas desparejadas, apareció esta cajita misteriosa que no dejaba adivinar su contenido. 
Qué sorpresa me llevé, se trataba de un preciosos mini dominó de plástico que aunque le faltaban algunas piezas, lo sé porque intenté hacer con él un solitario, me llevó a imaginar los misteriosos personajes que podrían haber jugado algún día con él.

Creo que me lo traeré prestado algunos días y dejaré que mi ratoncilla de biblioteca, abuelita, lobo, el hada de los botones y otros puñado más de muñecos que tengo jueguen al dominó. 
Seguramente tendré que enseñarles las reglas del juego, pero no me preocupa, será un buen recuerdo de aquellas partidas que se hacían en casa de la abuela, donde, en general, los hombres de la familia pasaban las horas con partidas ruidosas, divertidas e interminables.    



domingo, 15 de agosto de 2021

LA SOLEDAD

 


Me levanto sola, me quito el pijama sola, me doy una ducha sola, me visto sola, me tomo un café solo con una tostada sola, cojo las llaves sola, me pongo la chaqueta sola, abro la puerta sola, bajo las escaleras sola, llego al portal sola, salgo a la calle sola, veo un banco solo, encuentro un mendigo solo, me aproximo  al kiosco sola,  compro un periódico solo, me acerco al metro sola, bajo las escaleras sola, tropiezo con un bordillo sola, me agarro a la pared sola, me coloco a la derecha sola, busco en la estación sola, encuentro la máquina expendedora sola, saco dinero del monedero sola y ....

compro dos billetes, porque siempre me han dicho que la soledad es un estado pasajero..

Relatado por Esmeralda en el encuentro del Taller del Cuerpo. Albitana. Noviembre 2019

 Este cuento se puede alargar todo lo que queramos y representarlo.


domingo, 23 de mayo de 2021

EL JUEGO DE LOS PRINCIPES Y LAS PRINCESAS

Este cuento-juego se hace para mejorar la atención de los niños y las niñas e  incriminarlos en la creación de historias.

Extraido del libro, el pequeño rey de las flores de KVETA PACOVSKÂ

Primero se puede contar un cuento donde intervengan príncipes,  princesas y la corte, después se hace un corro con tod@s sentad@s en sillas, solo la persona que conduce el juego estará de pie. 

Se reparten los papeles de manera que los que están en la posición par del círculo son los príncipes, los impares son las princesas y todo el corro la corte.

Quien narra empieza a contar esa historia u otra que quiera inventar sobre la marcha. 

Al nombrar a los príncipes o a las princesas ést@s tienen que cambiar de sitio entre ell@s, quien está de pie aprovecha para ocupar una de las sillas libres, la persona que queda sin asiento sigue relatando la historia. 

Cuando se dice “La Corte” tod@s cambian de lugar y sigue el relato quien se haya quedado sin silla.

Atención, se mantienen los papeles de príncipes y princesas como fueron denominados al principio del juego, aunque no conserven la posición de pares o impares. 

Juego popular


viernes, 11 de diciembre de 2020

La señora Julieta. Teresa Flores

 «Cuando nos quedemos sin sonrisas es cuando nos percataremos de la importancia de las mismas»

                                                                                                      Julieta Verdemar

 

Julieta es una señora muy simpática que vive en una gran casa acompañada de sus nueve gatos, seis de angora y tres persas.

La señora Julieta sale todo los días a dar un paseo y, por donde quiera que vaya, siempre camina repartiendo sonrisas.

Julieta sonríe haga frío, calor, viento o lluvia, y es que Julieta piensa que siempre hay motivos para sonreír.

Cuando se encuentra a alguna de sus vecinas, coge el autobús o tropieza con la señora cartera, aprovecha para dedicarle una de sus enormes sonrisas. Hace lo mismo con el panadero, la carnicera, el dependiente de la mercería (al que suele visitar un día si y otro también) y con la guardia urbana que cuida que todos las criaturas crucen correctamente la calle.

Alguna gente rechaza su sonrisa con una mueca de desprecio, otros sin embargo la cogen y se la guardan para pasar el día de una manera más confortable.

La señora Julieta no echa cuentas de cómo suelta sus sonrisas por el mundo, tanto es así, que una mañana que estaba especialmente alegre repartió más sonrisa de la cuenta. Se sentía pletórica de energía, caminaba a tal velocidad que recorrió la ciudad, de punta a punta hasta cuatro veces, y las cuatro veces depositó sus sonrisas por todos los escaparates y por todas las tiendas.

Tantas y tantas sonrisas esparció, que se fueron quedando por los portales, las avenidas, colgadas de los semáforos, enganchadas en las papeleras, incluso alguna de ella se coló en la mochila de un niño que marchaba tranquilamente a la escuela.

Otras se posaron en las escaleras de una oficina, en el coche de la policía, en la puerta del ayuntamiento y dejó tres o cuatro sonrisas más en el kiosco de  prensa donde, cada día, se quedaba extasiada mirando las revistas.

Tantas sonrisas dejó y tantas repartió, que se fueron enganchando unas a otras a lo largo de las aceras. Algunas quedaron prendidas en las hojas de los árboles del parque, hasta que una ráfaga de viento las balanceó juguetona sobre las azoteas.

Volaron las sonrisas como cometas por encima de los patios de los colegios, de las chimeneas, del río, de los hospitales y de fábricas aburridas que además de provocar un horroroso humo negro, despachaban cada día  trabajadoras de rostro entristecido.

La sonrisas navegaron horas y horas sin detenerse, y las criaturas al verlas comenzaron a recogerlas, husmeando por los rincones para ver si se encontraban alguna sonrisa despistada.

Poco a poco en lugares perdidos, algunos bastante oscuros, fueron hallando sonrisas de la señora Julieta. A veces era solo una media sonrisa o un pedazo, pero con gran paciencia empezaron a cuidarlas y fueron recuperando las sonrisas dañadas, las no aceptadas o arrugadas, de forma que aumentó tanto la colección de sonrisas, que poco a poco y sin darse cuenta, fueron añadiendo las suyas propias.

Al día siguiente la ciudad amaneció plagada de sonrisas, nevada de sonrisas. Tantas y tantas había, que tenías que irlas apartando para poder  caminar, y los chicos y las chicas de los colegios las fueron repartiendo a todos los transeúntes, con una sonrisa enorme puesta en sus rostros.  

Aunque algunos las despreciaron, la mayoría se las colocó cerca de la oreja y escucharon el rumor que provocan las sonrisas, otros se las pusieron cerca del corazón y mucha gente, la mayoría, las guardó en sus bolsillos  notando,  durante todo el día,  unas ganas irresistibles de bailar.

Las sonrisas pasaron de mano en mano, se cambiaron como los cromos de los álbumes, poblaron los jardines y las plantas, y todos y cada uno de los presentes guardó el recuerdo del día de las sonrisas, como uno de los más preciosos e importantes de su vida.  

 

lunes, 19 de octubre de 2020

CAPERU PARA ADULTOS

 CLARA LILLO

-Con Doña Flora, por favor-,

La anciana casi muere de estupor;

-Que es la hora de la siesta descarado

y tengo el corazón muy delicado.

 

El director que la aguardaba,

rumió una disculpa acelerada

y con una labia extraordinaria

 en breve cautivo a la octogenaria.

 

-Voy a ofrecerle una oferta tentadora;

ya sabe que en los tiempos de ahora

la moda son los fondos de pensiones,

podría usted ganar varios millones-.

 

-Invierta usted en la bolsa, Doña Flora

y sea de su bosque la señora.

Tendrá un marido sexi p`abrazarla,

vendrá aquí su familia a visitarla-.

 

Quedó un largo silencio al otro lado,

aquel tipo en la tecla le había dado.

Aunque sus hijos bien que la atendían,

ella pensaba que no la querían


 El lobo percibió aquel arrebato

apresurándose a cerrar el trato.

Y le puso una sola condición

ceder la casa tras su defunción.

 

-Por cierto, ¿prefiere tarta o helado?

Que sus vecinos vienen del mercado.

Yo voy para su bosque en un momento,

pregúnteles, verá que no le miento.


Y para acelerar todo el proceso,

le puso arsénico a la tarta de queso.

Duró poco al bruto su alegría

al ver que era Caperu quien le abría.

 

Cortábase el ambiente con machete

cuando Doña Flora se alejó al retrete.

Caperu clavole al lobo su mirada

desenvainando su lengua afilada.

 

-¿No le da vergüenza?- preguntó.

-¡Podría ser su abuela!- le escupió.

El lobo se sintió tan apurado

que al trozo de la tarta dió un bocado.

 

Y así cerró el banquero su oficina

enfermo de su propia medicina.

Mientras ella y la abu fueron

a un viaje de placer donde quisieron.

 

Y así murió el lobito por ladrón

y por ser un tanto fanfarrón,

pensando que la pobre Doña Flora

no tenía una Caperu que la adora.

 

 


miércoles, 14 de octubre de 2020

LA CIUDAD DEL PERMANENTE OLVIDO

 

No puedo explicar como llegué a Áurea ni qué camino me llevó a ella, solo sé que en  el momento mismo en que me detuve en una de sus plazas, sin asfaltar,  me sentí detenida en el tiempo.

  Observé que sus calles no tenían nombre, ni números sus casas, sus avenidas no poseían apodos, ni placas sus parques, sólo letreros vacíos lucían sus estatuas y las fachadas de lo que me parecieron inmuebles  municipales.

Pregunté asombrada  dónde estaba a dos amables señoras que me miraron sin prestarme mucha atención y no quisieron o supieron decirme nada, después vagué por entre sus edificios y cuando que me sumergí en aquel particular caos me encontré viviendo el presente.

Los niños vinieron rápidos a saludarme, me llevaron de la mano a mostrarme sus tesoros. Saboreamos todos los helados posibles de la heladería del pueblo sin tener que pagar nada. Nos detuvimos ante señores que jugaban en el parque partidas de ajedrez absurdas e interminables. Tropezamos con mochilas escolares abandonadas por las esquinas. Empujamos a las abuelas que reían subidas en los columpios y picoteamos en las cestas de la compra depositadas sobre los mostradores vacíos del Banco. 

No supieron explicarme el por qué de las farolas encendidas en pleno día, ni qué hacían las cajas de bebidas tiradas por las esquinas o los  paquetes de cartas sin repartir. 

Conforme pasaban los días me fui acomodando con facilidad a la vida de Áurea, a su caos civilizado, su permanente olvido, su pacificación absoluta.  Ciudad de risa inmediata y vigorizante, de vida al segundo, placer instantáneo, amores efímeros y  vagabundeo insaciable.

Las mujeres del pueblo me aceptaron sin sorpresa, ya que para ellas solo era una  cara más a las que cada día les enfrentaba su desmemoria. Juntas pasábamos los ratos hilando conversaciones, entre juegos infantiles, alrededor de una mesa de cocina,  recogiendo frutos en el huerto o solucionando  problemas cotidianos en un ayuntamiento improvisado en cualquier calle del pueblo.

Observaba admirada como llevaban a sus bebitos amarrados a la espalda para evitar olvidarlos en cualquier sitio, niños que recibían en el momento de su nacimiento un nombre, por medio de un beso que las madres depositaban en sus frentes. Nombres que quedaban grabados para siempre y que tardé en descifrar el tiempo justo que me llevó olvidar el mío.

Una vez que aprendían a andar los niños pasaban a ser de todos, ocupaban el tiempo en jugar hasta caer rendidos y acababan paseando por las calles de Áurea a ver dónde olía más rica la comida, otros veces se contentaban con un chusco de pan o una fruta capturada en los árboles del “huerto parque”, que crecía misteriosamente, sin que nadie lo cuidara, en el corazón de la ciudad.

Quise almacenar en mi memoria, que con el paso del tiempo se hacía cada vez más inútil, los nombres de algunas de aquellas criaturas con las que tanto compartí, tanto aprendí y tanto me dieron y me llené de palabras tan ligeras como; Suspira, Momento, Inmediato, Efímera, Alba, Aliento ó Liviana.

 Durante aquellos días, no puedo precisar cuantos, dormí en diferentes casas, amé a algunos hombres de mirada sencilla, que nada pidieron y nada prometieron, que me entregaron su enorme ternura y me olvidaron casi en el mismo momento en  que los dejé.


Comprendí que la vida en este pueblo era chispeante y espontánea,  siempre en permanente transformación, ya que las familias cambiaban continuamente de casa, de esposos, de hijos, todas las puertas permanecían abiertas, nada era de nadie, todos se cuidaban entre sí  y aprendían, tanto grandes como pequeños de la maravillosa escuela de la vida. 

De repente, sin saberlo, tal vez a causa de los efectos de la luna nueva o de los diferentes solsticios del año, todo volvía de una manera natural a un orden relativo,  cada habitante buscaba su lugar; su casa, su oficio, se encontraban las parejas, se reconocían tocándose las manos, acariciándose las caras y se decían las cosas de siempre, que por ensalmo se habían convertido en nuevas. Se reían fuerte, alegres, sin temor, estrujaban hasta el límite a sus auténticos hijos que se dejaban querer y regañar sin darle mucha importancia a lo que estaba ocurriendo.

Sentí que Áurea sería siempre la ciudad del permanente afecto. Ningún hombre o mujer se enfrentaba jamás a su pareja, ningún hijo renegaba de sus padres, porque nadie tenía memoria para el rencor,  los abuelos, eran abuelos universales, de todos, y, a pesar de ser los más desmemoriados, a partir de los setenta y cinco años empezaban a recordar, como por arte de magia, que un día el pueblo no había sido siempre de esta manera.

Intenté averiguar de qué vivían sus habitantes y para mi asombro pude ver camiones repletos de alimentos que llegaban hasta el pueblo, no en vano Aurea estaba en medio de ninguna parte por donde pasaban carreteras que iban a muchos sitios, y los chóferes descargaban montones de víveres que les permitían vivir sin problemas durante meses.

Me comentaron que un extraño sortilegio atraía esos camiones… luego como cayendo de un hechizo, esos hombres pasaban algún que otro apuro al comprobar que no dejaron la carga donde debieran, pero dónde la habían dejado no podían encontrarlo en ningún mapa, ya que el pueblo se solía olvidar hasta de sus propias coordenadas y se perdía en el espacio.

No sentí en ningún momento necesidad de irme de allí, no sólo porque era difícil salir, si no porque para qué salir de la ciudad del infatigable olvido, en donde nada comprometía ni distraía, y se vivía la vida  aferrándose al segundo inmediato para poder dejarlo caer en el abandono. 

Nunca supe cuánto tiempo estuve viviendo en Áurea. Solo sé que un día  siguiendo el rumor del agua que conducía a la Casa del Molino, me encontré de pronto a la salida del pueblo y sin darme cuenta olvidé el camino de regreso y me vi pisando caminos de tierra que me llevaron a una carretera asfaltada.

Unos excursionistas me encontraron perdida y desorientada, en el interior de un bosque al caer la noche.

No supe decirles mi nombre, ni de donde venía. Tampoco pude responder ni entendí una sola de las preguntas que me hicieron la policía, mi marido, mis hijos e incluso los médicos que me examinaron. Hablaron de un golpe, accidente, conmoción, ante mis explicaciones sobre el lugar perfecto en el que había pasado el último mes.

 Cuando les relataba que allí vida y reposo se conjugaba en una mezcla agradable, que era lo que  hacía que sus habitantes acabaran olvidando el objetivo prioritario de sus vidas y se quedaran a morar para siempre en Áurea, notaba sus miradas extrañadas y preocupadas. Con el tiempo aprendí a adaptarme a mi antigua realidad.

Dónde estuve aquellos días, fue para todos un misterio.

Mi coche apareció, como por ensalmo, en un bancal de la Vega, solo tenía algunos arañazos.

Eché de menos Áurea, aunque no logré amarrarla, por mucho tiempo en el recuerdo, pero algunas veces… en las noches sin luna, cuando veo el columpio del patio que se balancea solitario, oigo voces de niños que canturrean y entonces  sonrío, sonrío sin poder evitarlo. 

 


jueves, 18 de julio de 2019

Cochinitos en la clase de Toñi, sesión de Mayo

Hoy les he enseñado a hacer un cerdito y contado este cuento, el entusiasmo ha sido mayúsculo y casi todos se han ido con una buena colección de cochinitos a casa decorados de la manera más dispar.

Los Seis Cerditos

Para contar este cuento se recomienda hacer en papiroflexia seis cerditos pequeños y uno grande, para que consigáis mayor efecto recomendamos realizarlos en papel de color rosa


Os presento a mamá Cerda y sus seis cerditos. Bueno, como son tantos no estoy muy segura de que estén todos, vamos a contarlos; uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis........ (Se le pide al público que colabore a la hora de contarlos a lo largo de todo el cuento)
Su mamá los llevaba siempre de paseo al parque, al mercado y cada mañana a la escuela, pero como tenía miedo de que alguno se le perdiera, tomó la costumbre de contarlos uno o dos veces al día.
Los ponía a todos en fila al terminar de jugar en los columpios y contaba: uno, dos tres......
Los cerditos salieron valientes y aventureros, así que un día preguntaron a su mamá si podían irse a jugar solos al jardín que había al otro lado del pueblo. Mamá cerda les dijo -no me parece mal que aprendáis a ser independientes, pero para que os de permiso tenéis que prometerme tres cosas; la primera, que iréis siempre juntos, la segunda, que os acordéis de contaros cada cierto tiempo y la tercera que me llaméis en cuanto tengáis algún problema.
-¡Si mamá!, respondieron todos los cerditos a la vez, y muy contentos se fueron de paseo. Cuando llevaban un buen rato de marcha, se detuvieron a beber agua en un arroyo, a saltar un seto y a comer moras y cuando reanudaron la marcha, el mayor de los hermanos dijo - ¡alto!, no se nos puede olvidar lo que nos pidió mamá, vamos a contarnos y añadió,- yo lo haré que para eso soy el mayor, a ver poneros todos en fila
-y empezó a contar- Uno, dos, tres, cuatro y cinco. ¡OH que ocurre, falta uno!
-¡Espera! no lo haces bien, dijo el segundo, y comenzó de nuevo a contar:- uno, dos, tres, cuatro y cinco.


Así uno tras otro fueron contando a sus hermanos y a todos les faltaba uno.
Asustados comenzaron a llorar;-¡mamá, mamá, nos falta un hermanito!.
De una vecina a otra se fueron pasando la voz hasta que mamá Cerda muy asustada llegó a donde estaban sus hijos.
-¿Qué pasa? ¿Qué pasa?
-¡Ay mamá! dijeron los cerditos al unísono,-uno de nosotros se ha perdido, contamos y contamos pero solo estamos cinco.
-Tranquilos calmaros todos- dijo la mamá- y poneros en fila detrás mía, a ver que ocurre-  y empezó a contar- uno, dos, tres, cuatro, cinco y seis... pero si estáis todos, me parece- dijo por fin- que no podréis salir a la calle solos hasta que no aprendáis a contar.
Y contentos y felices se volvieron a casa.


En el sieguiente enlace teneis un tutorial sobre como hacer el cerdito. Suerte y a divertirse


lunes, 25 de febrero de 2019

EL BEBÉ CUADRADO HACE DE LAS SUYAS.

En clase de Toñi hemos vuelto a realizar la segunda sesión de cuentos.

Estos han sido los resultados del trabajo con el cuento Bebé Cuadrado que ha encantado por su sencillez y por las posibilidades de explotación y fantasía que tiene.


Elaborando 
Una vez contado el cuento y aprendido, han realizado individualmente aquella parte del cuento que más le ha gustado, casas, naves, tejados, pirámide, montañas....y lo hemos plasmado en un gran mural una vez coloreadas.

Ha resultado un paisaje la mar de interesante y que hubiera permitido hablar de montones de cosas, desde las viviendas de cada uno, el paisaje de alrededor... los viajes que les gustaría, hacer...Quién ha viajado en barco?... 


pegando  los diferentes elementos

Después hemos contado entre toda la clase el Mar de la Trola, repartiendo las tarjetas.

Un momento de la presentación y lectura del cuento

Para terminar hemos contado el cuento de la Granja que lo tenéis en el día anterior.

Y como estaban un poco nerviosillos he contado mi famosa Caperucita Roja en jerigonza.
Os invito a hacerlo es muy divertido.
Una jornada como siempre memorable.

sábado, 5 de enero de 2019

El patio de mi escuela

Este cuento lo escribí hace más de veinte años, siempre fue uno de mis favoritos. Os lo presto.


La tuve frente a mí, en el mismo patio de la escuela en que un día ligeramente desafiante
me retó a que trepara a lo alto del níspero que dominaba el tiempo.

La miré fanfarrón fijándome en sus sucias rodillas, en el vestido roto por algún que otro lado
y en el lazo del pelo que más que recogerle le sujetaba hebras de cabello castaño.
Me retó con un gesto que me supo a sonrisa, que me dijo hacia dentro que no la provocara, después de todo solo éramos dos chicuelos que tirábamos piedras frente a la misma tapia.

Le dije marimacho, la llamé estupideces que aquellos años mozos provocaban heridas a veces muy profundas. Le dije tontorrona, le indiqué con el puño donde le pegaría, mientras lamentaba en el fondo de mí y por momentos, que aquella, mi mejor compañera de juegos se me hubiera puesto en entredicho y desafiara mi capacidad de jefe de la panda.

Sostuve su mirada con un pellizco adentro, entendiendo a mi padre cuando me decía que yo tenía alma de poeta, me dolió que en la lucha que se hacía inevitable yo perdiera con ella una relación tan querida.

Después de todo, había sido la chica más valiente de mi banda, la única por cierto. La que daba patadas al balón con gesto más certero, la que atinaba a las ranas más inquietas del estanque, la que mejor y más lejos escupía, la que arrancaba más mechones de pelos a los niños de otras bandas y  seguía mis ordenes sin entrar en conflictos.

Me dolió que la tuviera enfrente, la quería a mi lado como había sido siempre, pero aquella mañana se había roto el embrujo y de pronto se me puso en alguna otra parte.
Me mordía la rabia que admiré en su mirada, el gesto que supuso la piedra entre sus dedos, el ansia con que agarraba el roído vestido, destrozado de tantas caminatas, tantas ramas de higuera y tantos mañanas de juegos incansables.

Me podía enfrentarme a lo que no entendía. Sólo sabía que hasta ahora había sido mi amiga, mi compañera de juegos, confidente y capitana. Por eso el gesto rebelde que le subió a los ojos me procuró un temor extraño que me inundó a su vez de rabia y desconsuelo.

Todos los de la panda nos miraban muy tensos, los chicos inocentes no entendían la magnitud de su gesto, el tambaleo de posiciones que por dentro me atravesaba. Las chicas apiñadas a un lado de aquel patio, con sus vestidos limpios y sus trenzas perfectas, sonreían victoriosas de verla en aquel trance.

Quedamos frente a frente. La vi abrir las piernas doblando ligeramente las rodillas, en aquel gesto que mil veces habíamos practicado, afianzando el cuerpo y buscando un equilibrio que le diera mas fuerza. Los dedos blanquecinos de apretar esa piedra en su mano morena de roídas uñas.

Los gritos de los chicos se hicieron más latentes. De pronto en aquel patio se me quedó ella sola, sola contra todos, contra todo, contra su pequeño mundo, su gente. Sola contra las niñas de la escuela que nunca la entendieron. Sola contra nosotros que fuimos sus amigos, sola contra su cuerpo que crecía y se le hacía tan extraño. Sola contra el maestro que siempre la retaba por ser tan diferente.

Sola contra mí, que era lo que más dolía, contra mí, y de pronto con su actitud me colocó frente a los otros, tambaleó mi posición de jefe de la panda, la de niño bravucón que tiene mil respuestas en aquel pueblecito colgado en la montaña.

Hasta ahora se había ganado nuestro aprecio porque siempre llegaba más lejos, más alto, más fuerte, su gesto era el más valiente y él más justo. Y de pronto sin saber como se nos había colocado en la misma posición que venía teniendo desde que naciera, enfrente, por querer ser diferente, por reivindicar ser ella, con su lazo en el pelo y subida en la higuera, niña, fuerte y valiente.

Me levantó la mano con la piedra, los demás jalearon para que la atacara. Estaba tan cerca que podía escuchar su corazón latiendo desbocado, su respiración fuerte y confusa, el rumor de su pensamiento a la carrera, nunca había agredido por agredir y yo sabía muy bien que ahora tampoco lo haría.

Hubiera querido tenderle la mano, hacerle más fácil el camino, echarme en sus brazos, pedirle que viniera conmigo a sentarse en la tapia del huerto (lugar preferido para mil confidencias) mientras esperábamos para hacernos con los primeros frutos... hubiera querido cualquier cosa, pero solo tenia diez años y demasiada confusión en las ideas.

Por eso me alegré y me retuve cuando se dio la vuelta, cuando salió del patio con la cabeza gacha y la piedra se deslizó de sus manos como un chorro de agua cenicienta.

La perdí mucho antes de que cruzara el patio y saliera a la plaza, la perdimos, sin saberlo, mientras chicos y chicas reían victoriosos de haber ganado a lo distinto.

Nunca volvió a sentarse en nuestros bancos, no se subió más a aquella hermosa higuera, se desplazó en la clase hasta hacerse invisible con su dolor a dentro.

La sentía tan lejos que a veces me daba miedo observarla.

La busqué por los campos que solíamos pasarnos, la esperé tirando perdigones en la charca a las ranas, la invité, sin hablarle, a coger pajarillos con cepos junto al río, la busqué en las aguas profundas de la charca en verano. Nunca estaba, y si estaba volaba cuando alguien se acercaba.

Dice mi madre que cambié en esos días, que me hice grande de repente y que se me quedó en el alma como una mirada triste de persona mayor.

Lamenté siempre no haber tenido el coraje para haberla apoyado, para haberla animado en su duro camino.

Pero ya se sabe, diez años no son muchos cuando se trata de enfrentarse a tanto tiempo y tanta historia pasada.

Teresa Flores 

lunes, 2 de julio de 2018

EL BARQUITO Y LA TORMENTA


Este es un cuento casi popular, que he contado desde hace muchos años, cada vez hago una versión distinta y el que comenzó siendo el cuento del Capitán Manolo se ha convertido con el tiempo en el cuento de la Capitana Celia u otros nombres de valientes navegantes.

Cuando lo cuento en una clase, todas las criaturas van haciendo a la vez que yo el barquito y los movimientos correspondientes, tengo que señalar que cuando llega el momento de la tormenta algunos se resisten a que su barquito sufra cualquier daño, esto me ha pasado incluso con mayores, pero al final todo el mundo consigue su camiseta.




Estos son algunos de los barcos que hicimos en la clase de Toñi



Como hay mucha gente amante de la papiroflexia, como yo, os traigo el enlace de un interesante blog donde podéis encontrar muchas cosas.

Se llama Papiroflexia para todos

http://papiromania.blogspot.com/2009/01/el-barquito-de-papel-y-la-camiseta-del.html

jueves, 31 de mayo de 2018

DOS LIBROS MUY ESPECIALES DE RAQUEL DIAZ REGUERA

Dos libros de la misma autora Raquel Diaz Reguera.
Ambos de un contenido altamente sugerente.



El primero CUANDO LAS NIÑAS VUELAN ALTO trata el tema de las dificultades que tienen las niñas para cumplir sus sueños debido a todos las exigencias que se hace de ellas, que se les van incrustando como piedrecitas en los zapatos y les van impidiendo levantar el vuelo.

 


Para contarlo en clase se me ha ocurrido dar a cada oyente una piedrecita de playa donde puede escribir aquellas cosas negativas sobre su persona que escucha con demasiada asiduidad.
Cuando se pueden librar de estas piedrecitas entonces adquieren unas alas (plumas de colores) con las que pueden volar todo lo alto que desean.


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 El segundo cuento se titula YO VOY CONMIGO, trata un tema similar, qué pasa cuando me gusta Martín y éste no me hace ningún caso, debo cambiar mi pelo, mis gafas, mis costumbres,  mi forma de ser hasta de dejar de ser yo?




Para contarlo fabricamos mi hija Clara y yo este precioso sombrero.

 
Clara con el precioso sombrero lleno de pájaros de papiroflexia y plumas de colores

 
Por cada cosa que nuestra protagonista pierde una pluma o un pájaro van cayendo de su cabeza hasta que ya no queda nada...
y finaliza diciendo

 
Le he dicho a Lucia que me gusta mi pelo recogido,
le he dicho a Ana que me gustan mis gafas,
le he dicho a Luis que me gusta mi sonrisa,
le he dicho a Carla que me gustan mis canciones,
le he dicho a Lola que me gustan mis pecas,
le he dicho a Marcos que me gusta hablar,
y me he dicho a mí misma que sin mis alas no soy yo.
Mis alas son iguales a las de los pájaros de mi cabeza.

Ahora se que yo voy conmigo
y me miro y me veo.
Tengo alas.
 


 


viernes, 11 de mayo de 2018

LA MALETA DE LETICIA

Leticia se ha preparado una preciosa maleta de mimbre en donde va metiendo todas las locuras cuentiles que se le ocurren,


La maleta de Leticia




.Sorpresa


 Y otros muchos que me enseñó ayer y me dejaron embobada.

Aquí veis algunas muestras.

El cuento del pez de colores


Añadir leyenda


miércoles, 18 de abril de 2018

Por un puñado de cuentos

Hoy he realizado una sesión especial  en  la escuela de Magisterio La Inmaculada con mi compañera Esther Santaella.
Hemos trabajado una serie de cuentos buscando los aspectos que podían ser relevantes, haciendo hincapié de que existen actualmente en el mercado una serie de libros maravillosos que pueden ayudarnos a enfrentarnos a muchos temas difíciles y no por ellos menos cercanos a las criaturas de Infantil con la que un día se verá confrontado este alumnado.

 


Como muestra y para que vieran una sesión de animación de cuentacuentos he presentado tres cuentos tal como yo los cuento ante una clase,
El primero ha sido RICITOS DE OSO que ya lo conocéis y que toca el tema de la diversidad, la identidad sexual, luchando contra los estereotipos de género.  






El segundo ha sido Petit- Blue et Petit Jaune  
este cuento lo podéis encontrar en español, se titula Pequeño Azul y Pequeño Amarillo, el autor es Leo Leoni y es altamente recomendable.
El cuento es un clásico desde 1970 y se presta a representarlo con plásticos de colores transparentes o con pinturas aguadas.
Destinado a peques a partir de seis años desarrolla el tema de la diversidad, la familia, las diferencias, el cariño,  los estereotipos.. entre otros temas.
 
El tercer cuento que presenté fue COSAS DE LA VIDA, es un cuento sin palabras destinado a las clases de peques pero de una gran simpatía y belleza. De nuevo vuelve a hacer incidencia en la diversidad, el mestizaje y la aceptación de lo nuevo como natural.
 
La segunda parte de la sesión la hemos dedicado a preparar por grupos diferentes cuentos para acabar presentándolos ante los demás.