sábado, 14 de junio de 2025
jueves, 29 de mayo de 2025
EL CARPINTERO
Dedicado a mi amiga Alena que va por el mundo formando carpinteros.

No hace mucho tiempo, dos
hermanos que vivían en granjas adyacentes y mantenían una buena relación comenzaron
a tener problemas. Era la primera vez que no se ponían de acuerdo después de
cuarenta años cultivando hombro con hombro, compartiendo maquinarias e intercambiando
cosechas y bienes de forma continua.
Esta larga y provechosa
colaboración terminó repentinamente. Comenzó con un pequeño malentendido y fue
creciendo hasta llegar a provocar una seria diferencia entre ambos, tanto que finalizó
con un intercambio de reproches amargos y dolorosos a los que les siguió un
profundo silencio.
Una mañana, alguien llamó a
la puerta de Juan. Al abrir se encontró con un hombre que llevaba en la mano
una caja de herramientas de carpintero y que le dijo:
-Estoy buscando trabajo para
unos días, si necesita una serie de reparaciones quizás pueda serle de ayuda en
su granja.
-Si-, le dijo el mayor de
los hermanos- tengo un trabajo para usted. Mire aquella granja al otro lado del
arroyo, ahí vive mi vecino que de hecho es mi hermano menor. La semana pasada
había una hermosa pradera entre nosotros pero él cogió su buldócer y desvió el
cauce del río para que separara nuestras fincas. Seguro que lo hizo para
molestarme, pero yo le voy a devolver el agravio con creces. ¿Ve usted aquella
pila de troncos junto al granero? Quiero que construya una cerca de dos metros
de alto, entre nuestras fincas, para no tener que volver a verlo nunca más.
El carpintero respondió:
-Comprendo la situación. Muéstrenme
donde están los clavos y la pala para los hoyos de los postes y le haré un
trabajo que estoy seguro le dejará satisfecho.
El hermano mayor ayudó al
carpintero a reunir los materiales necesarios y aprovechó para irse durante todo
el día al pueblo a realizar las compras de la semana.
El carpintero trabajo muy
duro durante la jornada; midiendo, cortando y clavando. Al atardecer cuando el
granjero regresó, el carpintero había terminado su tarea. Juan, al
contemplarla, se quedó con los ojos y la boca completamente abiertos. Allí, no
había ninguna cerca de dos metros, en su lugar lucía un puente, un puente que
unía a las dos granjas por encima del arroyo. Era una maravillosa obra de arte,
con pasamanos y todo.
En ese momento su hermano
salió corriendo de su granja y abrazando a Juan comentó:
-Qué grande eres hermano,
mira que construir un hermoso puente después de lo que te he hecho y dicho.
Mientras se reconciliaban vieron
al carpintero que cogía sus herramientas dispuesto a marcharse.
-No, espera- le dijo Juan, quédate
unos cuantos días, tengo muchos proyectos para ti.
-Me gustaría quedarme -respondió
el carpintero- pero tengo muchos puentes que construir.
Anónimo.
domingo, 16 de febrero de 2025
LA PAZ, UN LUGAR DE ENCUENTRO
Son las 10 de la mañana de un año que comienza. Un año redondo, completo, que ya se anuncia esquinado. No habrá libretas, agenda, ni folios en blanco para anotar los propósitos habituales en estas fechas, no habrá una sola línea… nada, mientras no corrijamos los errores del pasado.
Aquí, desde esta habitación,
mientras comienza a entrar el sol de invierno los convoco, a los tres, a los
tres grandes, los tres Pablos. Viajeros incansables, artistas, habitantes de
diferentes rincones del planeta. No llegaron, si acaso, a conocerse y si lo
hicieron es lo mismo, no es eso lo que nos ocupa, o al menos lo que me ocupa
hoy, aquí, en mi sala de trabajo.
No habrá concierto de año
nuevo, no lo quiero. No quiero valses vieneses ni señoritas edulcoradas en sus
trajes de fiesta, me quedo con los
acordes del Himno para la paz de Pau Casal, compositor reconocido por su activismo
en la defensa de la paz, la democracia, la libertad y los derechos humanos. Con
los acordes de su música los sigo convocando, a cada uno en su lugar del mundo,
cada uno el primero en lo suyo, artes tan distintas, tan diversas y sin
embargo, unidos los tres por el mismo deseo…
Mientras, admiro la pintura
que el Pablo, el otro Pablo, el chicuelo malagueño que pintarrajeaba guijarros
a la orilla de un mar que no era el suyo, llenaba de carboncillo cualquier muro
encalado para acabar, un día, creando esa increíble litografía conocida como
la Paloma de la Paz… No fue la única
paloma, hubo muchas palomas, 20, 30… ¿quizás más? Dibujos, grabados, pinturas,
a veces cuatro trazos livianos en un simple papel, tras una búsqueda perenne.
Así se declaraba pacifista, con este
símbolo que sería ya para siempre el nuestro. La paloma; una llamada a la Paz,
el Guernica; un grito desgarrador del después, para mostrar los desastres de una guerra. Recordar para no
repetir.
Pájaros… Pintó suficientes
pájaros para llenar cien cielos, cómo si no hubiera suficientes aves en el
planeta para que no llegara su mensaje:
"La pintura no fue
inventada para decorar las casas. Es un arma de guerra para defenderse del
enemigo", decía.
Y volando, en mi mente nueva
de año nuevo, que parece viejo ya de tan masacrado, atravieso continentes para
llegar a Chile… donde otro Pablo, ¡Pablo querido!, que acompañó mis dudas y
llantos adolescentes, fiel amigo a la puerta de una mano, tardes de amor, melancolía, risas ante cebollas odalificadas,
recurso perenne de belleza, ¿qué decirle?
Yo también puedo llorar los versos más tristes esta noche y los seguiré
llorando mientras acompaño, en la calle, las luchas cotidianas que reclaman la
Paz.
Poeta grande, pacifista,
concienciado.
Con los ecos del chelo de
Casal, dejándome acariciar por el vuelo
ligero de la paloma picassiana, releo una y mil veces el hermoso poema de
Neruda:
Paz para los crepúsculos que vienen,
paz para el puente, paz para el vino,
paz para las letras que me buscan
y que en mi sangre suben enredando
el viejo canto con tierra y amores,
paz para la ciudad en la mañana
cuando despierta el pan, paz para el río
Mississippi, río de las raíces:
paz para la camisa de mi hermano,
paz en el libro como un sello de aire,
paz para el gran koljós de Kíev,
paz para las cenizas de estos muertos
y de estos otros muertos, paz para el hierro
negro de Brooklyn, paz para el cartero
de casa en casa como el día,
paz para el coreógrafo que grita
con un embudo a las enredaderas,
paz para mi mano derecha,
que sólo quiere escribir Rosario:
paz para el boliviano secreto
como una piedra de estaño, paz
para que tú te cases, paz para todos
los aserraderos de Bío Bío,
paz para el corazón desgarrado
de España guerrillera:
paz para el pequeño Museo de Wyoming
en donde lo más dulce
es una almohada con un corazón bordado,
paz para el panadero y sus amores
y paz para la harina: paz
para todo el trigo que debe nacer,
para todo el amor que buscará follaje,
paz para todos los que viven: paz
para todas las tierras y las aguas…
Oda a mis amigos defensores
de la Paz, guerreros contra el odio y la barbarie. A su manera cada uno, con su
arma personal: su chelo, su pincel o su pluma.
Los tres se fueron el mismo
año… Nonagenarios los dos Paus, el otro Pablo, herido de muerte por el golpe de
estado chileno, decidió tal vez, abandonarnos antes de tiempo. Es posible que
los otros Pablos le estuvieran llamando desde donde quiera que acaben los
grandes maestros, para hacer juntos aun algo más para terminar con estas
malditas guerras y quienes las consienten.
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sábado, 18 de enero de 2025
Collioure. Enero 1939
Esta carta pretende ser un homenaje a los hermanos Machado, nuestros dos grandes poetas y escritores.
Collioure. Enero 1939
15 de Enero
Mi querido Manuel, espero que a la llegada de esta te encuentres bien.
Por aquí las cosas son complicadas y paso a relatarte, muy a mi pesar, los últimos acontecimientos.
Desde que partimos de Barcelona el pasado diciembre, todo han sido penalidades. Antonio, nuestro querido Antoñito cayó enfermo, muy enfermo, pues a las dificultades del viaje se le unieron las bajas temperaturas sufridas durante la ruta y la terrible humedad de estas tierras.
A pesar de la buena acogida de estas gentes, que rápidamente supieron acomodarnos en sus humildes moradas, y la atención y el cuidado que nos ofrecieron, la enfermedad siguió su curso.
Nuestro querido hermano, según subía o bajaba la fiebre, intercalaba instantes de delirio con momentos más tranquilos en que, con sus sabias palabras minimizaba su enfermedad, pretendiendo tranquilizarnos.
¡Cuánto sentí tu ausencia, cómo eché de menos tu firmeza y cariño en esos duros instantes!
Era increíble escucharlo hablar, cuando estaba lúcido, incluso sonriente, fantaseando con la idea de que, en un futuro próximo, volveríamos a encontrarnos. Repasamos, con madre, vuestros mejores años juntos, riéndonos de las travesuras de la infancia, los juegos en los patios de nuestra casa de Sevilla, los misterios ocultos, que nunca descubrimos del palacio de Dueñas, los viajes a París y tantas otras cosas que nos mostraban un atisbo de esperanza
De repente, a media tarde, cuando la fiebre arremetía de nuevo, Antonio, pasaba a mezclar Madrid con Baeza en un calidoscopio difícil de descifrar. Su cabeza entonces, en un delirio permanente, empezaba a perderse y de su amor a Leonor lloraba a Pilar, mientras deslavazaba alguno de sus poemas más bellos, entremezclando versos de diferentes libros con muchas lágrimas amargas.
Cada momento era un enigma sobre cómo sería el siguiente, para regresar, de nuevo, a instantes de calma en que, el Antonio ingenioso, nos hacía reír con alguna broma sobre sus dolencias para evitar preocupar más a madre.
Uno de esos días, ¡imagínate!, llegó a representarnos, desde la cama, como si fuéramos sus más fervientes espectadores, aquel paseo por Sevilla en la pequeña y vieja calesa que el abuelo tuvo a bien regalarte, la famosa y sonada navidad de tus 10 años, ¿recuerdas? Cómo nos hizo reír con sus salidas tan oportunas, imitando los gritos de padre enfadado por tu travesura, cuando enfilaste, al trote, el caballito contra los puestos del mercado.
Por desgracia, a partir de ese día, en que nos dejó tan esperanzados, entró en un duermevela profundo en el cual aun permanece.
Día 22
Nuestro Antoñito se fue poco a poco extinguiendo, querido hermano, se apagó como un pajarillo herido y agotado.
Para qué indagar si lo que se lo llevó por delante fue la pulmonía, la tristeza de saberos lejos o la de tener que abandonar la amada patria, por desgracia, irremediablemente dividida.
Cuando madre encontró la cama de Antonio solitaria, no hubo explicación posible que pudiera consolarla. Desde ese momento pena por los rincones de la casa, rezando a todas horas, entrelazando Aves Marías con un llanto casi perpetuo.
¿Dónde estás Manuel? ¡Cuánto nos faltas! ¡Cuánto notamos tu ausencia!
Releo los poemas de nuestro querido Antonio, buscando en sus palabras un consuelo que no hallo, le leo a madre sus libros y aumenta su tristeza y nos envuelve en un presagio pegajoso.
Temo que tanto dolor la enferme irremediablemente, ya cumplió, sin saberlo su increíble vaticinio, “viviré más que mi hijo Antonio”.
Lo ha cumplido.
Día 25 de enero
Madre acaba de fallecer, exactamente tres días más tarde que nuestro querido hermano, cumplía hoy 95 años.
Juntos dormirán en este país de extraña acogida. Que la tierra les sea leve.
No habrá más carreras nuestras por las calles soleadas de Sevilla, ni viajes a París, ni amores inciertos.
Desapareció el aroma de los limoneros de nuestro patio, jugar a las escondidas en las cuadras, su callada sonrisa, tu sonrisa, nuestra sonrisa… la de todos.
Cuídate, por favor, cuidaros mucho. Partimos de Francia, abandonamos esta tierra que nos acogió, necesitamos olvidar tanto dolor y tanta tristeza.
Te escribiré, lo prometo.
Te queremos, te quiere, tu hermano
José
miércoles, 6 de noviembre de 2024
LA PORTERÍA
La portería donde viven, lo tiene todo para ser un cuchitril; consta de una sola habitación situada en un semisótano con poca luz, mucha humedad y excesivo ruido. Tres resbaladizos escalones conducen —la desvencijada puerta de entrada—, al interior de la vivienda.
No es el sitio donde espera acabar sus días —no lo hubiera elegido nunca—, pero Úrsula, la portera, no es una mujer que se arredre ante nada. Esto es lo que le ha tocado vivir y, con los tiempos que corren, no puede sino agradecer al “régimen”, a Dios o al destino, tener un techo donde cobijarse con su pequeña familia.
Hay cosas que se escapan a sus entendederas y no es porque no sea lista —que lo es—, sino porque ante la situación imperante lo mejor es no preguntar. Lo que le ha llegado lo toma y ya está. Bien que ha aprendido a bajar los ojos con falsa modestia y con cara de no haber roto un plato en su vida. Arrastrarse si hace falta y agradecer, agradecer servilmente las migajas que va consiguiendo y que le permiten vivir, a ella y a los suyos, de una forma más o menos decente.
Úrsula, es viuda de guerra, una viudez que aun no termina de encajar. La idea de no volver a ver a Rodrigo, el amor de su vida, la tiene en una continua desazón. Si cierra los ojos, aun lo recuerda el último día que lo vio: pañuelo rojo al cuello, gorra de miliciano y fusil al hombro, presto para partir al frente de Madrid, allá por noviembre del 36. A esa imprevista despedida solo le siguió el silencio.
Los rumores que escuchó al terminar la guerra eran que Rodrigo se había pasado al ejército franquista, incluso que tuvo tiempo, antes de ser abatido, de llevar a cabo una gesta memorable por la que obtuvo la Cruz del Mérito. Parece ser que salvó la vida de un regimiento incluido su capitán.
No comprende el giro de esa historia, ni conoce en profundidad los hechos, por eso es consciente de que la portería le ha venido caída del cielo. Imagina que su tía la monja, abadesa de uno de los conventos de la capital, muy cercana por amistad y por fe, a Pilar Primo de Rivera, tiene mucho que ver con su buena suerte.
Con algunas verduras que le mandan del pueblo, menudencias que saca de aquí y de allá en sus recados diarios para las vecinas, sus largas esperas en las colas de racionamiento desde la amanecida, su inteligencia y su saber estar, va sacando adelante a su pequeña familia.
Rodriguín, su mayor, está ya aprendiendo las letras y Gonzalo, su eterno bebé, vive permanente pegado a ella o mejor dicho a su enjuto seno.
Con paciencia y esfuerzo ha sabido ir adecentando la triste vivienda; un buen fregado, en el que casi se ha dejado las manos, un colchón de borra sobre cartones, para aislarlo de la humedad, donde los tres se arrebujan cada noche, una mesa desvencijada, dos sillas, una sencilla hornilla y un barreño de zinc constituyen, por ahora, su escaso mobiliario.
La luz entra temerosa por los dos ventanucos enrejados que dan a la calzada. La calzada, nunca mejor dicho, porque desde allí lo que se divisa son solo los pies de los paseantes. Una cortina azul y otra rosa, recortes de trapos viejos regalo de la vecina del 4º, permiten ocultar la vivienda a las miradas indiscretas.
Úrsula ve pasar el tiempo con una mezcla entre el terror y la esperanza. Cada día se asombra de seguir viva, temerosa como está ante la llegada de algún viejo amigo de su marido, o que, los del otro bando, le exijan ser una delatora, función que -sabe bien- desempeñan la mayoría de las porteras.
Intenta mantenerse al margen de todo, lo que no quita que se paralice cuando identifica, al anochecer, los movimientos que escucha en el inmueble; los pasos de los que llegan a horas intempestivas al 2B, el resoplido asmático del anciano profesor que sube corriendo hasta el ático, las señales misteriosas en las puertas o las botas militares que, en tropel, parecen tirar la escalera a cualquier hora del día o de la noche.
No sabe, no quiere saber.
Cuando no puede dormir, se deja mecer por las sombras que las cortinas de sus ventanucos reflejan en las paredes de la portería y, acuna a sus pequeños con el repiqueteo de los pasos que avanzan en la oscuridad. Mientras, les va contando, en susurros, lo bueno que fue su padre y, cuales fueron sus incumplidos sueños.
Teresa Flores
viernes, 11 de octubre de 2024
NO DUDARÉ EN DEFENDERME
.
Se fue padre.
Se fue de madrugada, silencioso,
como siempre, pensando que yo no lo escuchaba, que no percibía los crujidos de
sus pasos por la casa, recorriendo el pasillo profundo, que separó siempre
nuestras alcobas.
Se fue calladamente, como si así
hiciera menos daño, como si en cada ausencia no se llevara un fragmento de cada
uno de nosotros.
¿Cree acaso que no notamos cuando comienza
los preparativos? ¿Qué estamos ciegos ante la ligereza de sus gestos, sordos a
los cuchicheos de los criados, los movimientos en las caballerizas o el piafar
de su yegua favorita, que presiente alegre el fragor de futuras batallas?.
Cómo puede ser tan ingenuo, tan
irresponsable, tan insensible, tan insensato.
¿No sabe acaso que deja a madre en
una profunda tristeza? Que, ante su ausencia, acompasa su respiración cotidiana
al ritmo del telar y nos despierta en las noches insomnes con su monótono zis
zas perpetuo.
Ni siquiera las doncellas se
atreven a reírse y transitamos los días como almas en pena, vagando por
corredores soñolientos, penando entre páginas de la enorme biblioteca,
desordenando el cuarto de juegos, bajando y subiendo escaleras para intentar otear desde las almenas… Vigilando
emocionados el horizonte, por si vuelve, por si un día vuelve o si alguien,
acaso, regresa con sus nuevas.
Se fue padre.
Apenas las cinco de la mañana. El
cielo en lontananza, comienza a poblarse de azulrojos y a escondidas de la
nodriza, descalza y en camisa, me aproximo a la alcoba de madre, queriendo asirme
de su mano. Esa blanca mano que nadie acogerá en mucho tiempo. Pretendiendo acunarla
en mis torpes catorce años, con la cabeza, aun, inundada de imágenes relatadas,
en noches frente al fuego, de aquellas aventuras que padre nos traía de sus guerras
inútiles pobladas de cadáveres sangrientos.
Maldigo no haber nacido varón para
impedirle el paso, para obligarle a que me llevara con él, a donde fuera, poder
enarbolar con orgullo su estandarte y huir así del silencio de las estancias en
los próximos días, meses y, puede, que hasta años.
Quisiera suprimir el color ceniciento
del castillo, siempre a media luz, y, las tardes odiosas bordando sábanas
inútiles que nunca conocerán el amor verdadero.
Se fue padre.
No recibiremos nada más que migajas
de palabras devanando contiendas, inútiles misivas, relatando pasajes que, por
sabidos, no resultaran más esperanzadores. Al final de cada carta un liviano epitafio.
Apenas tres palabras para dedicarnos un: “te quiero”, dulce, un “os amo a todos”.
Ternura para su bella esposa, besos y abrazos para sus pequeños hijos, su
futuro.
¿Amor sincero?
¡Se puede ser más rastrero!
¡Cobarde!, ¡cobarde!, ¡cobarde!
Se fue padre.
Por qué te ausentas si dejas en tu
casa las puertas abiertas a la desgracia, a nuestra tristeza infinita, al acoso
que, los que se dicen nuestros guardianes hacen a madre, a las miradas libidinosas
que me persiguen por los pasillos, los roces inoportunos de los escasos varones
que, por vejez, no fueron a la batalla, que aterran y soliviantan mi juventud
inocente.
¡Olvídate canalla, de conquistar el
mundo y regresa antes que sea demasiado tarde! Antes que tu señora ceda ante
tanto despropósito, antes que me vea mancillada por un vulgar lacayo, antes que tus hijos pequeños se
asalvajen entre las patas indomables de los caballos de tus cuadras y la
dejadez de las nodrizas.
Se fue padre.
Cuánto tiempo tenemos que llorarte
después de cuatro meses sin una sola carta.
¿No hay nadie al otro lado del muro?,
dinos, ¿no hay nadie?
Tendré que cortarme los cabellos,
robar la vestimenta de uno de tus pajes, y escapar en mi alazán a recorrer el
mundo, a buscarte. Ser, por fin, el varón que quisiste tener, el que soñaste
levantar en tus brazos y nombrarlo tu príncipe heredero.
Yo también anhelo tus sueños, deseo
luchar contra Polifemo, encontrar la fuente de la eterna juventud, surcar en un
barco océanos de admiración y aventura, enamorarme de un tierno efebo que me
haga estremecer en sus brazos.
Quiero ser otra, no quiero seguir
pudriéndome aquí en este bando donde nos has dejado, sin preguntarnos, sin
poder defendernos de este futuro incierto, imperfecto, duradero, absurdo.
Nunca más seré la niña delicada, no
querré escuchar tus poemas ni tus cartas, no ansío abrir esas delicadas sedas con
las que regresas de tus viajes protegiendo valiosos presentes. Dejé de ser tu
princesa para comprender, demasiado pronto, hasta donde llega el egoísmo de los
hombres. No quiero un varón que me salve de mi presente ni dirija, en su arrogancia,
mi futuro.
Regreses cuando regreses, llegarás
tarde. Tu hija volará enjalbegada, cubierta de tules y dorados, con el corazón roto
por todo lo vivido, por tener que hacerme mayor antes de tiempo, por ver morir
a madre lentamente de tristeza enterrada cada día en devanar madejas inútiles de futuro.
No me busques padre, no me busques.
Seré el arquero más ágil de tus ejércitos, el soldado más valiente, el más
rápido. Si hay que ir a la guerra iremos todos, o no fue ese el juego que nos enseñaste
desde nuestra más tierna infancia. No hubo otras historias que las conquistas,
que el descubrir nuevos mundos para hacerlos propios. Nos hiciste palpitar con tus grandes relatos…
Llegar siempre más lejos, más alto.
Allí nos encontraremos, padre… en
la batalla,
No dudaré en defenderme.
viernes, 29 de diciembre de 2023
RONDOS Y DRADOS
Para contarlo se utilizan papeles recortados de forma redonda y cuadrada.
En un maravilloso mundo
donde no se permiten los errores vivían unos curiosos seres. No era un planeta
de aquí ni ahora, no se puede decir que viniera del espacio, estaba más allá de
los confines de cualquier lado y más allá de las letras, porque solo se puede
decir que existían en la imaginación de un ser perfecto. Pues en este
maravilloso mundo había dos tipos de seres, unos de cuatro ángulos rectos y
cuatro lados iguales más o menos grandes, eran los DRADOS.
![]() |
| Papel recortado a mano |
Por otro lado, estaban los
RONDOS de cuerpo circular y distancia perfecta a un centro…
Los DRADOS vivían en el lado
derecho de este extraño y curioso lugar, justo por donde cada mañana se alzaba
la luna de Posistrón y los RONDOS en el lado izquierdo, por donde cada noche
Posistrón se despedía.
En el centro, señalando y
diferenciando los dos territorios, una alta y preciosa muralla de bosque
fosilizado de apetules.
Los RONDOS no conocían a los
DRADOS y los DRADOS no conocían a los RONDOS…
Como bien podéis imaginar
cada especie se reproducía por su cuenta, eran seres en un principio muy
perfectos, sus lados eran muy iguales sus ángulos muy noventeros… pero las
cosas fueron cambiando y las generaciones segundas y las terceras, primos de
primas y hermanos de primos hermanas empezaron a tener defectos, los DRADOS no
eran tan cuadrados y los RONDOS no eran tan redondos...
Las autoridades haciéndose
eco de las clases más poderosas, ocupadas por los seres de los dos países más
perfectos en su condición de RONDOS y DRADOS, optaron por crear un nuevo reino.
El país fue puesto en pie de
guerra. Enormes máquinas, dirigidas por los militares, establecieron un nuevo y
tridimensional espacio, allí fueron llevados por la noche, los expulsados de
ambos países los RONDOS y DRADOS que padecían alteraciones de la línea
Circular, los del Centro Imperfecto, los Rompedores del espíritu 365º, los del
90 Desangulado y los de la Cuadratura Equivocada.
RONDOS imperfectos y DRADOS
imperfectos, se encontraron en su nuevo país a la salida del sol.
Nunca antes se habían visto,
se miraron con mucho recelo, asustados, incluso con odio. Oyeron las sinfonías
de gloria de las fronteras marcadas que indicaban que los proscritos e
imperfectos habían sido desalojados.
Al principio RONDOS, se
trataban con RONDOS y los DRADOS con DRADOS, pero fue difícil que los rondines
y dradines no jugaran en el poco espacio concedido, que treparan a los árboles
fosilizados de la nueva muralla y les trajeron noticias, tristes, de los padres
abandonados a un lado y al otro de la primera muralla.
DRADOS y RONDOS, aunque
imperfectos comenzaron a comunicarse… Nunca habían hablado entre sí, por lo que
comenzaron a organizarse.
Los DRADOS metieron sus
ángulos en tierra y cavaron durante toda la noche, los RONDOS, organizados en
escuadras, hicieron rodar sus formas para socavar la muralla.
RONDOS perfectos abandonaron
su antigua tierra para estar con sus hijos y sus nietas.
Durante algunos días no
hablaron al ver aquellos extraños seres con aristas pensando que podían hacerles
daño… Igual ocurrió con los DRADOS que pensaban que los RONDOS eran monstruosos.
Mientras, los dradines y los
rondines jugaban cada vez con más ganas sin que nunca se produjeran graves
accidentes, siempre sabían acomodar sus formas. Los árboles fosilizados que
hacían de muralla también recibieron el bienestar de sus bendiciones, y en la
parte baja por donde llegaba el rumor de la risa de los pequeños y sus roces,
empezaron a brotar hojas.
En los mundos anteriores
solo quedaron un RONDO y un DRADO viejos y enfadados.
De qué les valía un mundo
sin soldados a los que mandar, sin nadie a quien echarle la culpa, sin criaturas
a las que subir a sus aristas o balancear en sus curvas…
Entre todos abrieron los
setos, hicieron nuevas viviendas….
Un día una extraña figura
apareció; tenía dos lados rectos en forma de ángulo y un tercer lado
semicircular, era como un precioso cucurucho de helado. Su papá RONDO y su mamá
DRADO lo mostraron con orgullo a todo el pueblo, digo bien ¡a todo el país!
porque desde aquel día se llamó la morada de los RANDROS y todos tuvieron una
vida redronda…
jueves, 26 de mayo de 2022
EL NIÑO CINCO MIL MILLONES. Mario Benedetti
En un día del año 1987
nació el niño Cinco Mil
Millones. Vino sin etiqueta,
así que podrá ser negro, blan-
co, amarillo etc. Muchos paí-
ses, en ese día eligieron al
azar a un niño Cinco Mil
Millones para homenajearlo y
hasta para filmarlo y grabar
su primer llanto.
Sin embargo, el verdadero
niño Cinco Mil Millones no
fue homenajeado, ni filmado
ni acaso tuvo energías para
su primer llanto. Mucho
antes de nacer ya tenía ham-
bre. Un hambre atroz. Un
hambre vieja. Cuando por fin
movió sus dedos, estos toca-
ron la tierra seca. Cuarteada
y seca. Tierra con grietas y
esqueletos de perros o de
camellos o de vacas. También
con el esqueleto del niño
número 4. 999. 999. 999.
El verdadero niño Cinco Mil
Millones tenía hambre y
sed, pero su madre tenía más
hambre y más sed y sus
pechos oscuros eran como
tierra exhausta. Junto a ella,
el abuelo del niño tenía ham-
bre y sed más antiguas aún y
ya no encontraba en sí
mismo ganas de pensar o de
creer.
Una semana después, el
niño Cinco Mil Millones era
un minúsculo esqueleto y en
consecuencia disminuyó en
algo el horrible riesgo de que
el planeta llegara a estar
superpoblado.
martes, 27 de octubre de 2020
MOUN
lunes, 26 de octubre de 2020
El color de la arena
....«Mi abuelo cuenta que cuando tenía mi edad, llevaban las caravanas de camellos hasta el mar. Pero eso fue antes de la guerra. Una guerra que, según cuentan los mayores, nos sacó de nuestras tierras y dejó al abuelo cojo para siempre.
viernes, 20 de abril de 2018
Por un puñado de cuentos 2
MOUN de Rascal Sophie
El tema de la guerra y de la adopción tratado con gran sencillez y poesía.
Este maravilloso libro lo podéis encontrar en castellano con el mismo título, este está en francés y lo conseguí en una de mis innumerables incursiones por las librerías de Francia.
Como es muy pequeñito lo fotocopié en color en tamaño folio y en hojas a parte traduje el texto numerándolo para poder acompañar cada una de las imágenes.
Para contarlo repartimos las viñetas y fueron mostrándolas a su turno.
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Otro libro presentado por un grupo fue el ya mostrado en páginas anteriores PARA LOS NIÑOS DEL MUNDO ENTERO, llamó la atención la poesía y belleza de un tema tan duro.
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| Un momento de la lectura del cuento PARA LOS NIÑOS DEL MUNDO ENTERO |
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| Todas participan en la tarea |
Este cuento no lo he podido encontrar traducido, su polifacético autor es además de poeta cantautor y en el siguiente enlace podéis escuchar esta bella canción que es el texto exacto del libro mencionado.
https://www.youtube.com/watch?v=JxlxwcBW8FY








