sábado, 19 de diciembre de 2015

CAPERUCITA ENCARNADA Versión de Elena Fortún


Pues señor voy a contaros  lo que pasó una vez en Francia.
Era una hermosa niña, blanca, rubia y espigada,
los ojos azul de cielo, mejillas como manzanas.
La más bonita del mundo, dicen todos al mirarla.
Su, madre, en la primavera, le tejió, con fina lana,
una capuchita roja con su capita y su talma.
Ya todo el mundo la nombra, “Caperucita Encarnada”.
La mamá la mandó un día, con su capita de grana,
a casa de la abuelita, que está al pie de la montaña,
para llevarle una torta con rica miel amasada,
y en una orcita de barro, fresca manteca de vaca.
-Ven aquí, niña querida, toma, hijita de mi alma,
llévale esto a la abuelita, que está enfermita en la cama.
Cruza el monte deprisita, no te detengas por nada,
no persigas mariposas, no te quedes embobada,
no se vaya a hacer de noche, y entonces el lobo salga.
Caperucita promete ir más lista que una galga.

Pero encuentra a un leñador que corta una encina alta,
a cada golpe que da, se ve relucir el hacha.
-¿Dónde va Caperucita con su capita encarnada?
-Voy a casa de mi abuela que esta enfermita en la cama,
y le llevo mantequilla y buena torta amasada.
-Sigue por la veredita no subas por la montaña,
que he visto rodar al lobo con las estrellas del alba.
-No tengo miedo del lobo que a mí nunca me hizo nada,
yo soy una buena niña y el lobo come a las malas.
-Sin embargo buena niña, ve por la vereda blanca,
deja el monte a los pastores que llevan perros de guarda.
-No me gustan las veredas, que son llanas y se tarda,
me gusta el monte bravío con mariposas y jaras.

La hermosa Caperucita con mejillas de manzana,
sube por el monte arriba corriendo como una cabra.
Sube cuestas, cruza arroyo, atraviesa la enramada,
y al llegar a la pedriza el lobo sale a encontrarla.

-Buenos días niña hermosa, ¿Dónde vas tan de mañana?
¿Eres tú a quien todos dicen Caperucita Encarnada?
-Yo soy, y tú eres el lobo que al amanecer rondaba…
-No me tengas miedo, niña, que no vengo a hacerte nada.
-¿Qué llevas en esa cesta cubierta de telas blancas?
-Llevo manteca muy fresca, y rica torta amasada,
como regalo a mi abuela, que es viejita y está en cama.
Yo le encenderé la lumbre, yo le limpiaré la casa,
y si tiene mucho frío  la abrigaré con mi capa.
-¿Y quién te abrirá la puerta si la vieja está en la cama?
-Otras veces he venido y encontré fácil la entrada.
Un cordel ata un pestillo que la abuelita levanta.
y yo le digo- Abuelita, Caperucita Encarnada,
que te trae torta de miel y mantequita de nata.
-Si que es fácil- Si yo fuera también en la casa entrara.
¿Y vives lejos tu abuela?- Vive al pie de la de montaña,
junto al molino que muele, en esa casita blanca.
-Está cerca...Voy a verla- No vayas lobo, no vayas…
que yo llegaré primero y pondré tranca en la entrada,
y se lo diré a la abuela, que el pestillo no levanta
si no oye mi voz primero y me conoce en el habla.
-A ver quien va más deprisa. Yo subo por la cañada,
tu vas por el monte abajo. ¡Te espero frente a la casa!


Y sin escuchar razones el pícaro lobo salta,
corre entre las matas verdes y se va por la cañada.

La linda Caperucita ve una mariposa blanca
y va corriendo detrás a ver si puede atraparla.
Corre y salta, brinca y grita, por los campos, alocada,
detrás de la mariposa, que al tenerla se le escapa…
Y, de repente, se acuerda ,de que el lobo fue a la casa…
¡Cómo corre, monte abajo Caperucita Encarnada!

El lobo que ya ha llegado va y golpea con la pata.
-Ábreme- dice- abuelita (con la voz disimulada)
ábreme que soy tu nieta, Caperucita Encarnada.
-Levanta el pestillo, niña, que  ya he sacado la tranca-
dice la abuela y el lobo entra dentro de la casa…
¡De un tragón traga a la abuela¡ (¡que tiene hambre atrasada!)
y se pone el camisón y la cofia almidonada,
y los negros anteojos, y va y se mete en la cama…


Ya está llamando a la puerta Caperucita Encarnada.
-Ábreme abuela querida, saca corriendo la tranca,
que traigo manteca fresca que ha hecho mami esta mañana;
¡y viene corriendo el lobo, que quiere entrar en la casa...!
-Entra pronto, vida mía, Caperucita Encarnada.
(y aunque el lobo disimula su voz es ronca y extraña).
Ya ha entrado Caperucita, y bajo las telas blancas,
saca del cesto la torta, y la manteca de nata.
-Déjalo sobre la mesa y ven conmigo a la cama,
que estoy ya tan viejecita que me voy quedando helada.

Cuando la niña se acuesta, mira a su abuela asombrada.
-¡Qué brazos tienes abuela!- Por abrazarte se alargan.
-¡Qué piernas tan largas tienes! – De correr por las montañas.
-¡Qué orejas mas grandes tienes!- Para oír tu dulce charla.
-¡Cómo relucen tus ojos!- Para mirarte a la cara.
-¡Qué boca tan grande tienes!- Para besarte muchacha.
-¡Qué harás con dientes tan grandes!- Comerte a ti desdichada.
Se arroja sobre la niña y de un tragón se la traga.

Dicen que el leñador vino, que encontró al lobo en la cama,
que le rajó la barriga, mientras el lobo roncaba,
que abuela y nieta salieron desde el fondo de la panza..


Y ya se acabó este cuento otro os contaré mañana.


Adaptación de Elena Fortín y sus compañeras de LA HORA DEL CUENTO y publicado en su libro El arte de contar cuentos a los niños. Ediciones Espuelas de Plata 2008




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