domingo, 31 de diciembre de 2023

LA FLOR DE MARACUYÁ

Desde el primer momento en que vio la luz sus ojos permanecieron abiertos. No lloró, no hizo el más mínimo gesto, si acaso agitó un poco los puñitos, como señalando aquí estoy, he llegado. La doctora al comprobar el vaivén de su tierno pechito y el color correcto de los labios, comunicó a sus progenitores que aquel niño ausente de llanto, estaba vivo.

El pequeño recibió el nombre de Nataniel, hijo de una india guaraní y de un indio quechua, venidos ambos del estado de Cesar, Colombia y afincados  en un rincón del barrio del Zaidín, donde instalaron un pequeño negocio “La Flor de Maracuyá”, casa de los mangos, de los caquis, de las frutas de invierno y de verano, de las alubias secas y   las nueces...

Desde la barriga de su madre pasó a ocupar un lugar privilegiado en el capazo que le instalaron en la tienda, cerca de la fruta fresca, pero suficientemente alejado de la gente, que al entrar a comprar, se acercaba curiosa a observar su crecimiento.

Nataniel, de piel morena y pelo oscuro,  arropado por el aroma de las verduras, el ajo, los condimentos y las aceitunas aromáticas, se iba redondeando como un meloncito de invierno. Indiecito sereno y callado, mecido por el rumrum de las conversaciones educadas y risueñas, de unos padres que vendían fruta con la intención diaria de integrarse cada vez más en aquella tierra que les había acogido. 

Empezó a gatear en la trastienda, sobre una manta en el suelo, parapetado en un fuerte de cajas de frutas que le hacía sentirse el rey. Con el tiempo aprendió a contar con las castañas y con las nueces, a pesar en la balanza de sus padres las ciruelas secas y los higos maduros, sus preferidos. No fue nunca un niño de rabietas ni de chucherías. Una mandarina jugosa o unas almendras tostadas le eran más que suficiente.

Empezó la escuela y observando a los demás se acostumbró a llevar fruta para sus compañeros. Nadie entendió nunca el misterio que escondía esa “generosidad”; para él, era la forma de que nadie  tocara su merienda .

No era hablador, no era inquieto ni gritón, más bien de lenguaje parco, mediada sonrisa, actitud indolente, como invisible, como alejado de la realidad y del bullicio que existe en una escuela llena de pequeños. Nunca levantó la mano a otro niño,  ni robó un caramelo,  no se enfadó con nadie, no sufrió el más mínimo castigo. Tampoco ayudó, colaboró, confío o compartió uno solo de sus sencillos juguetes o una pieza  de su fruta preferida.

Se podía decir que Nataniel pasaba desapercibido entre los demás, casi se mimetizaba con el ambiente. Su cuerpo desaparecía ante situaciones conflictivas, nunca estaba presente en las peleas del patio, no levantaba el brazo si la maestra preguntaba en clase, no acusaba a nadie… tampoco defendía a quien lo necesitara.

En las valoraciones que le hacían sus profesores señalaban lo correcto de su comportamiento: «Un niño educado que trabaja bien, un poco tímido, le falta iniciativa», escribían. Ni uno solo de sus maestros llegó a comprender jamás, la verdadera naturaleza de la criatura. Nadie supo ver nunca o  no quiso ver cómo era realmente Nataniel.

A lo largo de su vida como alumno  en el instituto y la Formación Profesional, repitió la misma forma de actuar, y mientras sus padres ampliaban la tienda y la trastienda, él se fue haciendo a un futuro marcado por el primer melocotón que tuvo entre las manos. Su carácter se afianzó haciéndose aun más sinuoso, como el agua liviana que no hace siquiera surcos, comedido en sus gestos, escéptico… ¿tímido? No esperaba nada más de la vida.

Aceptó sin objeciones a la primera chica que se le acercó. No tuvo que pensarlo y se dejó llevar por la perspectiva creada desde la cuna en cajas de plástico que contenían la fruta que marcaron su futuro. Marisa aceptó con Nataniel a “La Flor de Maracuyá”. Los hizo su centro  de vida y fueron pasando los años tranquilos, sin intromisiones, sin complicaciones y sin la más mínima discusión o contradicción.

 Y nació su primer hijo…

Cómo gritó cuando llegó al mundo. Aulló desde el primer instante en que vio la luz, chilló por todas las veces que su padre no había levantado la voz, lloró por todos los momentos en que no había señalado un pecado, berreó por todos los segundos en  que no había defendido a un amigo, pataleó por todas las palabras que se había callado, por toda las voces que no había alzado y sobre todo vociferó para indicarle a su progenitor, desde su primer aliento, que nunca, nunca, nunca, sería  como él.

viernes, 29 de diciembre de 2023

RONDOS Y DRADOS

 Para contarlo se utilizan papeles recortados de forma redonda y cuadrada.

En un maravilloso mundo donde no se permiten los errores vivían unos curiosos seres. No era un planeta de aquí ni ahora, no se puede decir que viniera del espacio, estaba más allá de los confines de cualquier lado y más allá de las letras, porque solo se puede decir que existían en la imaginación de un ser perfecto. Pues en este maravilloso mundo había dos tipos de seres, unos de cuatro ángulos rectos y cuatro lados iguales más o menos grandes, eran los DRADOS.

Papel recortado a mano

Por otro lado, estaban los RONDOS de cuerpo circular y distancia perfecta a un centro…

Los DRADOS vivían en el lado derecho de este extraño y curioso lugar, justo por donde cada mañana se alzaba la luna de Posistrón y los RONDOS en el lado izquierdo, por donde cada noche Posistrón se despedía.

En el centro, señalando y diferenciando los dos territorios, una alta y preciosa muralla de bosque fosilizado de apetules.

Los RONDOS no conocían a los DRADOS y los DRADOS no conocían a los RONDOS…

Como bien podéis imaginar cada especie se reproducía por su cuenta, eran seres en un principio muy perfectos, sus lados eran muy iguales sus ángulos muy noventeros… pero las cosas fueron cambiando y las generaciones segundas y las terceras, primos de primas y hermanos de primos hermanas empezaron a tener defectos, los DRADOS no eran tan cuadrados y los RONDOS no eran tan redondos...

Las autoridades haciéndose eco de las clases más poderosas, ocupadas por los seres de los dos países más perfectos en su condición de RONDOS y DRADOS, optaron por crear un nuevo reino.

El país fue puesto en pie de guerra. Enormes máquinas, dirigidas por los militares, establecieron un nuevo y tridimensional espacio, allí fueron llevados por la noche, los expulsados de ambos países los RONDOS y DRADOS que padecían alteraciones de la línea Circular, los del Centro Imperfecto, los Rompedores del espíritu 365º, los del 90 Desangulado y los de la Cuadratura Equivocada.

RONDOS imperfectos y DRADOS imperfectos, se encontraron en su nuevo país a la salida del sol.

Nunca antes se habían visto, se miraron con mucho recelo, asustados, incluso con odio. Oyeron las sinfonías de gloria de las fronteras marcadas que indicaban que los proscritos e imperfectos habían sido desalojados.

Al principio RONDOS, se trataban con RONDOS y los DRADOS con DRADOS, pero fue difícil que los rondines y dradines no jugaran en el poco espacio concedido, que treparan a los árboles fosilizados de la nueva muralla y les trajeron noticias, tristes, de los padres abandonados a un lado y al otro de la primera muralla.

DRADOS y RONDOS, aunque imperfectos comenzaron a comunicarse… Nunca habían hablado entre sí, por lo que comenzaron a organizarse.

Los DRADOS metieron sus ángulos en tierra y cavaron durante toda la noche, los RONDOS, organizados en escuadras, hicieron rodar sus formas para socavar la muralla.

RONDOS perfectos abandonaron su antigua tierra para estar con sus hijos y  sus nietas.

Durante algunos días no hablaron al ver aquellos extraños seres con aristas pensando que podían hacerles daño… Igual ocurrió con los DRADOS que pensaban que los RONDOS eran monstruosos.

Mientras, los dradines y los rondines jugaban cada vez con más ganas sin que nunca se produjeran graves accidentes, siempre sabían acomodar sus formas. Los árboles fosilizados que hacían de muralla también recibieron el bienestar de sus bendiciones, y en la parte baja por donde llegaba el rumor de la risa de los pequeños y sus roces, empezaron a brotar hojas.

En los mundos anteriores solo quedaron un RONDO y un DRADO viejos y enfadados.

De qué les valía un mundo sin soldados a los que mandar, sin nadie a quien echarle la culpa, sin criaturas a las que subir a sus aristas o balancear en sus curvas…

Entre todos abrieron los setos, hicieron nuevas viviendas….

Un día una extraña figura apareció; tenía dos lados rectos en forma de ángulo y un tercer lado semicircular, era como un precioso cucurucho de helado. Su papá RONDO y su mamá DRADO lo mostraron con orgullo a todo el pueblo, digo bien ¡a todo el país! porque desde aquel día se llamó la morada de los RANDROS y todos tuvieron una vida redronda…

jueves, 28 de diciembre de 2023

EL HUEVO

 


Otra de las preciosas retahilas que me envió Keti desde Italia. 

En este caso se trata de una versión del HUEVO. Proviene de Kalibia, una región de Argelia y dice así:

 La gallina ha puesto un huevo

El pulgar lo ha espachurrado

 El medio lo ha cocinado
El indice se lo ha tragado
Y el meñique el plato ha chupado.

1.-Se traza un huevo en la palma de la mano de la criatura

2.-Se va señalando  dedo por dedo conforme se desarrolla la historia

3.-Se finaliza haciendo cosquillas  en la palma con el meñique





martes, 26 de diciembre de 2023

QUE VIENE EL CORREO

 Estas fechas son muy apropiadas para recibir cartas y para escribirlas. Detrás de ellas suele haber peticiones de regalos o recuerdos y abrazos de los amigos y familiares que tenemos lejos...

Tengo que confesar que a mi no me ha hecho falta escribirla ya que mi gente  conoce bien mis aficiones y he recibido un montón de libros para entretenerme en estas vacaciones.

Mi amiga Viki que es lectora empedernida como yo, a quien le chifla la literatura infantil y que hace una tarea supermegagenial con la asociación UGURUBÚ, me ha traído un libro muy requetechulo

El libro esconde un conjunto de sobres que Mumin recibe  de sus seres queridos.


Por ejemplo una carta de su amigo Snufkin, que le anima a realizar un juego de pistas y así nuestro protagonista va encontrando más y más mensajes y pequeños rastros... ¿ A dónde le llevarán?


Es un libro muy divertido y lo más curioso es que este personaje no nació precisamente antes de ayer. buscando en mi biblioteca he encontrado una edición de 1976, debí de robárselo a mi hermana pequeña, porque enfonces yo era una jovencita que estaba empezando a trabajar con criaturas pequeñas y no compraba esos cuentos.

Los mismos personajes e incluso los mismos dibujos

Me gustó mucho el regalo y me acordé de otro librito que usaba mucho en clases de primaria y que era muy apreciado. Se trata del...

El libro tiene sobres auténticos dirigidos a personajes de cuentos clásicos 

Por ejemplo la invitación a Ricitos de Oro al cumpleaños de Osito pequeño, a pesar de las trastadas que la niña realizó cuando se metió en su casa... eso sí se disculpó, la pequeña, en otra carta llena de faltas ortografía.


Los dos libros se prestan a jugar con ellos e inventar nuestra propia historia con todas aquellas cartas de personajes que nos gustaría ser o que nos gustaría que nos escribieran. Podemos partir de una temática determinada o hacerlo completamente libre. Una buena encuadernación y el éxito de nuestro volumen está asegurado.

Ya me contaréis...







  

  

domingo, 17 de diciembre de 2023

LAS CARTAS GIGANTES DE ALICIA

 En mis visitas a librerías de Granada encontré esta maravillosa baraja de Alicia. De extraordinario tiene varias cosas:

  • Primero: el tamaño, ya que son tamaño cuartilla
  • Segundo: los dibujos increíbles ya que cada carta es única, lo que permite unas posibilidades de creación infinitas.
  • Forman parte de una colección de materiales sobre este famoso personaje.
  • Están realizadas por un equipo de profesionales que cuida el medio ambiente.
En esta página encontrareis mucha más información, así como el acceso a Fb, YouTube y al blog del grupo.

La librería de Granada  en que la compré fue en "La Tremenda", un espacio lleno de sorpresas y de buen gusto, donde se realizan una gran cantidad de actividades cada mes en torno a los libros.

La baraja viene acompañada por un pequeño libreto con la explicación de siete juegos, algunos de ellos clásicos y otros  inventados por sus creadores. Aun estoy traduciéndolos del inglés, con ayuda de mis amistades, ya que es un idioma que desconozco. 
Por ahora llevamos; el Rummy, Las siete y media y Alicia es grande- Alicia es pequeña. 
La posibilidad de inventar está abierta.

Las cartas

Deciros que en la librería 




He encontrado esta baraja, que la venden carta por carta aprovechando lo bonitos que son los naipes...







 

martes, 5 de diciembre de 2023

LO CONSIGUIÓ EL AMOR

 Mi abuelo Rafael fue el padre de mi padre. 

Foto del archivo familiar
 

Nació en Córdoba en 1883, fue bautizado por sus amantísimos padres en la Parroquia de San Salvador y Santo Domingo. Iglesia cercana al domicilio familiar  en la calle Letrados, hoy Conde de Cárdenas.

Su primera infancia fue tranquila y alegre. Mostrando desde pequeño una gran afición por los toros y los caballos. De hecho uno de los primeros regalos que recibió, por parte de su padre, fue una preciosa jaquita blanca de recia constitución, con la que se paseaba orgulloso por la Alameda.

Como acontecía que mi bisabuelo trabajara de sastre en la maestranza, le confeccionó a la criatura, un traje de flamenco azul marino, compuesto de chaquetilla corta, pantalón estrecho y fajín granate, que complementó con un gracioso sombrerito calañés. Vestido de esta guisa y a la tierna edad de once años, debutó el 14 de octubre de 1.894 en la plaza de toros de "Los Tejares", “pidiendo las laves” en términos taurinos, en un festival de Toretes y Cintas, organizado por la Sociedad La Cruz Roja de Córdoba.

Dicho acto quedó reflejado en una foto, a doble folio, debidamente enmarcada que lució durante varios años, en diversas    exposiciones sobre temas antiguos de la tauromaquia, en el Circulo de la Amistad de la ciudad.

Por un azar del destino, se cuenta que a esta fiesta, en la que Rafalín hacía su debut en el mundo taurino, asistió Pilar entre cientos de personas, en compañía de una de sus hermanas y de su institutriz. A dicha niña, de siete años de edad, quien por azares del destino años más tarde, pasaría a ser mi abuela, también se la puede vislumbrar en un extremo de dicha foto, sonriente y tocada con un coqueto sombrerito.

Entre lances, caballitos y paseos por el campo acompañando a sus padres y familiares, transcurrió la acomodada infancia de mi abuelo.

Debió ser buen estudiante, pues pudo matricularse sin dificultad en el Instituto de Enseñanza Media Luis de Góngora, situado en la Plaza de las Tendillas. Centro de reconocido prestigio, fundado por los Jesuitas en 1577, situado a escasos doscientos metros del domicilio familiar.

Una vez terminado el bachillerato inició la Licenciatura  de Derecho en Sevilla, ya que en aquella época no había facultades universitarias en Córdoba.

En la familia se recuerda la anécdota, de que en una de sus primeras actuaciones como abogado, le correspondió defender a un gitano que se había "merendado a un cristiano” y corría la suerte de ser ajusticiado.  Rafael, lo defendió con tan meritorios discursos que salvó al infeliz del garrote vil, hecho muy comentado por la ciudadanía cordobesa, que admiró con entusiasmo la valía de aquel muchacho, así como el detalle añadido, de que el bisabuelo lo tuvo que vestir de largo para tal ocasión, ya que todavía usaba pantalón corto.

Su juventud transcurre feliz, entre el estudio y el ocio, alternando con jóvenes de conocidas familias cordobesas, siendo socio del Circulo de la Amistad, Liceo Artístico y Literario al igual que su padre. Se piensa que en uno de aquellos "saraos" conoció, esta vez de verdad, a la que sería mi abuela Pilar, que rápidamente se prendó de aquel simpático muchacho, locuaz, de risa fácil y de ojos hermosos.

Para desilusión de los jóvenes, mi otro bisabuelo Nicolás, que era de armas tomar y experto en el manejo del florete y las artes marciales,  puso el grito en el cielo ante este incipiente romance, considerando que ese picapleitos no alcanzaba la categoría que merecía su delicada hija y  prohibió la relación, por lo que a partir de ese momento la pareja mantuvo sus encuentros en la más absoluta  clandestinidad.

Mi abuelo Rafael, a la grupa de su caballo acudía, cada tarde, como un reloj a "pelar la pava"' a una de las ventanas de la casa  de su joven amor, con la complicidad de un "confidente" que ante cualquier presencia inoportuna, encendía una bengala para que el muchacho  picara espuelas y se alejara a la mayor velocidad posible de la tormenta.

Pasaron los meses y ocurrió, que Pilar  cayó seriamente enferma y por más galenos que la visitaron y que la familia consultó, ninguno encontró la solución ni el remedio al mal de la joven y aquí surgió lo inesperado; un eminente médico muy celebrado, tanto en Córdoba como fuera de ella, amigo personal de mi bisabuelo, le sugirió que tal vez “el amor” tuviera la medicina mágica para rehabilitar la salud de la frágil muchacha y, sucedió la magia.

El joven Rafael, al tanto de la situación de su amada, apesadumbrado y afligido, acudía diariamente a preguntar al mayordomo de don Nicolás cómo se encontraba la señorita Pilar. Para su sorpresa uno de aquellos días, fue mi bisabuelo quien salió a recibirlo y con lágrimas en los ojos le dijo, pasa a verla y, aquello que no arregló la ciencia, lo consiguió el amor.

Sanó la enferma y se formalizaron por fin, las relaciones.

Y así fue como en el año 1.913 Rafael y  Pilar se casaron y comenzaron otras nuevas historias…

 

 

lunes, 4 de diciembre de 2023

LLEGÓ TARDE

 


Llegó tarde como aquel otoño del año 23 que se resistía a dorarse. Desde el primer día, el primer anhelo, la primera sonrisa, la nena llegó tarde. Hija de una madre añosa cercana a los cincuenta, padre ausente y futuro incierto, decidió llegar tarde hasta a su propia historia. Tal vez, supo desde la placenta, que medio mundo andaba en guerra y que en menos de un siglo quizás, el planeta dejaría de existir. El caso es, que hasta a su propio nacimiento, Luna llegó tarde.

Se hizo esperar treinta y ocho largas horas, para acabar siendo extraída gracias a una cesárea, urgente, que no comprometiera aun más su existencia.

Llegó tarde al primer lamento, al primer abrazo y llegó tan tarde al pecho de su madre que tuvo que criarse entre biberones.

Parecía que su sino sería el ser extraña, diferente, anómala, otra… Criatura delicada de ojos negros y enormes que miraban, ingenuamente miraban.

Entre exámenes, revisiones y batas de hospital, llegó tarde también a sus primeros gorjeos, sus primeros pasos, su primera palabra, hasta que un día su madre cansada de tanta peregrinación absurda, decidió que esta criatura era sencillamente un ser distinto y como tal había que aceptarla.

Desde ese instante la bebé emprendió la vida plácida que había elegido: confiada, paciente, tranquila, callada, mirada cercana de ojos desmayados, insondables y a la vez presentes.

Poco a poco Luna se fue incorporando al mundo de otras criaturas, siempre a su ritmo, con su calma innata, su liviandad en el gesto, como queriendo en todo momento relajar cada inocente movimiento. Gateó, caminó, habló… siempre más tarde que los demás pero en definitiva, a su ritmo.

En la escuela se ausentaba en sus juegos, tranquila como el mar en calma. Si alguien ocupaba su burbuja personal, ella livianamente se retiraba, no mucho, lo suficiente como para concederle un amable hueco, siempre con el mismo gesto entre complaciente y comedido.

No fue hasta los ocho años que no descubrieron su capacidad innata de expresión. Cuando Pablo, su profesor de plástica, le puso en las manos una caja de ceras brillantes y un enorme espacio de papel. Luna, tímida al principio, se llenó los ojos de lápices, los acarició varias veces desde la punta a la base, se los acercó a la cara, los olió con complacencia como si de aromáticas papayas se tratase, se manchó cada uno de los dedos y después de este exhaustivo reconocimiento, trazó un ligero vuelo azul en la inmaculada superficie de la hoja…

Pasaron dos maravillosas horas en que la niña Luna, sumergida en su particular mundo de color, saturó el inmenso mar de papel hasta que no quedó libre ni un solo centímetro. Había descubierto su excepcional universo.