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| Un momento del dialogo entre la presentadora y la autora |
Este es el resumen de las preguntas que Mariángeles me realizó:
-¿Recuerdas cuándo y cómo empezaste a escribir?,
Lo relaciono con la escuela que debió de ser para mí una tortura. Nada
más llegar, escuchar: cállate y siéntate, -con apenas cuatro años- no debió de
sentarle muy bien a mi carácter inquieto.
Tenía una ortografía horrorosa, creo que no la mejoré del todo hasta
que no tuve que enseñarla como maestra, pero esto no me impidió nunca escribir.
Dice mi hermana Pilar que suelto las comas como el que va sembrando
trigo, a voleo. Claro, después me toca recogerlas y ponerlas en el sitio
adecuado.
Pero era una lectora empedernida y ese es un binomio que no se puede
separar.
-¿Por qué te interesa y que te aporta personalmente escribir?
Son tantas las cosas que nos pasan por la cabeza, las experiencias que
una persona vive, los sueños, los deseos. La escritura calma la mente, ayuda a
organizar el pensamiento, es como tener cerca a una buena oyente que te deja
hablar sin decir nada, sin opinar, sin dar consejos. Difícil de conseguir
ahora, en este momento en que todo el mundo sabe tanto.
El papel, o el ordenador lo admite todo; las locuras, los errores, el
vacio del papel en blanco, lo puedes dejar reposar o regresar a él. Incluso a
veces te preguntas, ¿pero esto lo he hecho yo? No es posible, es demasiado
bonito o espantosamente triste y a lo mejor acaba en la papelera.
-¿Qué le está aportando a tu escritura la participación en los talleres
de creación?
Los talleres son geniales por varios aspectos; primero por lo que aprendes, a veces simplemente es volver a
recordar cosas elementales y lo mejor es que te va a plantear retos que sola no harías. Por
ejemplo narrar en tercera persona, o desde una posición de alguien que sabe
todo lo que pasa, o simplemente tienes que hacer una descripción lo más
detallada posible…
Lo segundo es que compartes tus textos, recibes las
aportaciones del grupo además de la persona que coordina el taller, con todo el
enriquecimiento que esto supone
y la tercera, no menos
importante, es que constituye un tiempo en que te relacionas con unas personas
con las que compartes el mismo hobby. Además del lujo de conocer personas tan
interesantes como; Andrés Newman y Miguel Ángel Cáliz con quienes hice el primer taller hace ya más de veinte
años, Juan Madrid, Alfonso Salazar y actualmente Cristina Gálvez.
Y bueno- hay que decirlo- las
cervezas de después.
-La escritura y la actividad de contar cuentos oralmente, ¿cómo se
complementan y alimentan la una a la otra?
Para mi van de la mano, tal vez porque me he criado a base de cuentos
y de personas que me han ofrecido la historia narrada y a la vez el cuento.
Lectura y escritura no pueden existir la una sin la otra.
Yo creo que he contado cuentos desde que jugaba con la gente menuda de
la familia, y puedo decir que eran muchos. Solo repetía lo que había vivido y
ya de ahí empecé a ser yo la que escribiera.
Mi primera novela, que lamento haber perdido, la hice con mis compañeras de colegio, en el patio del recreo, ellas me dictaban y yo escribía. No se nos ocurrió otra cosa que basarnos en los personajes de una serie que había entonces en la tele sobre las aventuras de un submarino, todavía recuerdo que se llamaba el Seaview, y hacerle pasar mil penalidades al capitán de la nave, que era muy guapo y todas debíamos estar un poco enamoradillas de él. Teníamos doce o trece años y nos llevó casi un año acabar la novela.
Después
escribí varias obras de teatro que aun guardo y que llegamos a representar, y
empecé con los cuentos. Ahora me río al leerlos… son tan malos.
-¿Qué te inspira a la hora de escribir? ¿Puedes contarnos como te
inspiraste para alguno(s) cuento(s) concreto(s)?
Algunos relatos salen de experiencias verdaderas como la del sofá volador,
me pareció digna de un cuento, estar de traslado y perder un sofá en la curva
de un camino puede ocurrir, pero que sigas viaje y no te enteres hasta que no
llegues a destino… Es genial, el cuento está dado, después falta ver quien lo
cuenta, dónde está, qué pasa a su alrededor.
El cuento de “Er muñeco”, pasó de verdad, salió en los periódicos el
suceso de que se había quemado un paso de una Virgen… y un amigo siempre dice
esas cosas divertidas se les ha quemado “ermuñeco”… ya estaba el hilo conductor…
Los relatos de la infancia, parten de cosas que vivimos, están
recreadas, cambiadas de situación o de protagonistas. Me gusta mucho cuando la
gente me dice, me he acordado tanto de mis abuelos, me ha emocionado. Es la
infancia de muchas de nosotras.
Los relatos de la familia algunos son exactos, partiendo de lo
traidora que es la memoria. Yo digo que los recuerdos de mi infancia son
prestados, porque en cierto modo, ¿me pasó a mi?, ¿fue a mi hermano, a mi
primo, me lo contaron?…No importa.
La parte de las locuras son esos textos que te permiten salir de lo
habitual. Me encanta escribir ciencia ficción, es como relatar sueños
deseados.
Observar, observar y observar, llevar una libreta siempre encima, el
móvil, grabar, anotar después, un diario, hacer una foto…Aprovechar cualquier
momento para disfrutar de todo lo que pasa a nuestro alrededor, sacar la
imaginación de paseo… Preguntarnos continuamente sobre lo que ocurre a nuestro
alrededor: ¿Qué se dicen aquellos dos, son padre e hijos, son hermanos, amigos,
están enfadados, por qué se ríen?...
En definitiva ser curiosos... estar abiertos, expectantes, hay tanto que contar...
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Deciros que el acto fue muy divertido y lo pasamos genial... yo al menos.

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