-¡Violeta!
Me llama.
Me trae
glicinias.
Ramos de
flores azuladas.
Los asienta
sobre mis manos.
En
ofrecimiento de su eterno amor.
No quise
escucharla en su súplica amarga.
Miramos
juntas el sencillo cielo, huyendo del
momento.
Pasaron los
días, los vientos, noches huracanadas y
callamos.
Un agua
obediente, de dorada luna, nos fue tristemente alejando.
La recordaré
siempre a mi lado, humilde, paciente, alejada.
¿Quién me
entregará las glicinias azules del prado?
¿Quién
trenzará la madeja de mi cabello?
¿Quién
secará mi triste llanto nocturno?
¿Quién
repetirá mi precioso nombre?
¿Quién
acariciará mi rostro?
¿Recordará mis manos?
¿La olvidaré?
Jamás¡¡¡¡¡¡
