Ayer estuve en el Ceip de Tinar de Albolote en la clase de nuestra compañera Puri contando cuentos a dos de sus clases de tercero.
Como tenía poco tiempo en la primera sesión les llevé este precioso cuento ruso que da mucho juego para hablar de lugares y recordar preciosas tradiciones como la artesanía en madera.
Para ilustrar el cuento a falta de una muñeca grande, tengo una demasiado pequeña, me llevé este conjunto realizado bajo el mismo principio y que es en realidad diferentes presentaciones de un cuento y materiales para trabajar la papiroflexia.
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| La muñeca grande es una caja y dentro van las otras |
MATRIOSKA
Hace mucho, mucho tiempo, un carpintero salió de su cabaña y
recorrió lentamente el camino hacía el bosque, en busca de un buen tronco para
tallar. En un claro del bosque, el viejo carpintero vio un tronco tan hermoso
como nunca antes había visto. Lo cogió y lo llevó a casa. Era un hermoso
tronco, con el que, sin duda, debía fabricar algo muy especial. Durante varios
días, no supo qué hacer. Finalmente una mañana, despertó y decidió hacer una
muñeca. Puso el tronco sobre la mesa de trabajo y empezó a tallarla suave y
delicadamente. Cuando la terminó, le gustó tanto, que decidió no ponerla en
venta y la colocó en su mesilla de noche. Le puso por nombre Matrioska. Cada
mañana, el carpintero se levantaba y la saludaba cortésmente, antes de iniciar
sus tareas:
—Buenos días, Matrioska.
Un día tras otro repetía la misma expresión, hasta que una mañana, un tenue
susurro le respondió:
—Buenos días.
El carpintero quedó tremendamente impresionado y repitió:
—Buenos días, Matrioska...
—Buenos días —le contestó la muñeca, con un hilo de voz.
Asombrado, se acercó a la muñeca para comprobar que era ella
quien hablaba y no sus viejos oídos que le jugaban una mala pasada. Desde aquel
día, vivió acompañado por la pequeña Matrioska, que era un pozo de palabras y
risas, y le distraía y alegraba en su trabajo diario. Una mañana, Matrioska
despertó muy triste. Tras mucho rogarle, un poco avergonzada, ella le explicó
que cada día veía por la ventana los pájaros con sus crías, los osos con sus
oseznos, y hasta las orugas que se enganchaban unas a otras formando una gran
fila familiar.
—Incluso tú —apuntó Matrioska— me tienes a mí, pues bien, yo también querría
tener una hija.
—Pero entonces —respondió el carpintero— tendría que abrirte y sacar la madera
de tu interior para hacerte una hija y eso sería doloroso y nada fácil .
—Ya sabes que en la vida las cosas importantes siempre suponen pequeños
sacrificios —respondió la dulce Matrioska.
Y así fue como el carpintero abrió a Matrioska y extrajo cuidadosamente la
madera de su interior, para hacer una muñeca un poco más pequeña, a la que
llamó Trioska. Desde aquel día, cada mañana, al levantarse, saludaba:
—Buenos días, Matrioska; buenos días, Trioska.
—Buenos días, buenos días —respondían ellas al unísono. Ocurrió que también
Trioska sintió la necesidad de ser madre. De modo que el viejo carpintero
extrajo la madera de su interior y fabricó una muñeca, aun más pequeña, a la
que puso por nombre Oska. Al cabo de un tiempo, también Oska quería tener su
propia hija, pero al abrirla, se dio cuenta de que sólo quedaba un mínimo
pedazo de madera, tan blanca como el primer día, pero del tamaño de un
garbanzo. Sólo una muñeca más podría fabricarse. Entonces el carpintero,
temeroso de no poder cumplir el deseo de la pequeña muñequita y de que ésta se
sintiera triste toda su vida, le dibujó unos enormes bigotes y lo puso ante el
espejo diciéndole:
—Mira, Ka,... tú tienes bigotes. Eres un hombre, o sea que
no podrás tener un hijo o una hija de dentro de ti. Y así es como Ka, Oska,
Trioska, Matrioska y el carpintero siguieron viviendo felices el resto de sus
días.
Esta versión la he encontrado en el blog
Después les mostré otro precioso libro, pero ese os lo enseño en otra ocasión.