jueves, 4 de agosto de 2022

RAYUELA (TERCERA PARTE)

 

Matías ha dibujado su primera rayuela en la playa

LA RONDA DE LAS HORAS

La figura es un círculo dividido en doce figuras convergentes con un pequeño círculo central que es el Paraíso.

El juego: La entrada y la salida tienen lugar por la primera casilla del reloj, y de la docena se pasa al Paraíso. Se juega de la misma manera que el juego de El Caracol. 



RECTANGULO GRIEGO

Figura: Un rectángulo grande dividido en otros ocho o diez rectángulos pequeños

El juego.

1.-Quien juega se sitúa ante la casilla 1 y empuja el tejo hacia el interior de la misma, saltando a pata coja. Empuja el tejo de una casilla a otra sin que caiga en las líneas divisorias. Cuando está cansado o pierde el equilibrio, tiene derecho a  “hacer punta” es decir apoyar la punta del pie inactivo sobre el otro. Puede hacerlo hasta cinco veces por cada vuelta completa. Cuando todo el grupo que juega (seis como máximo) termina de recorrer el circuito se vuelve a empezar (partiendo siempre del exterior) esta vez pateando la piedra para que caiga en la casilla numero 2.

En las siguientes partidas el tejo deberá caer en la casilla número 3, después en la 4 y así sucesivamente. Quien comete error debe esperar el turno siguiente .

2.-Hace el mismo recorrido a la pata coja pero con el tejo en la  mano, se empieza yendo de un rectángulo al siguiente pero la segunda vuelta se debe saltar de dos en dos, del 1 al 3, del 3 al 5, del 5 al 6, del 6 al 8 y del 8 al 10.

3.-La piedra se empuja con el pie derecho o con el izquierdo pero siempre en diagonal: del uno al nueve, del nueve al tres, del tres al siete, del siete al cinco, después del cinco al seis, para volver del seis al cuatro, del cuatro al ocho y así sucesivamente. Las jugadores que consigan salir airosas tras todos estos recorridos son  ganadores mientras que los otros deben repetirlos para aprender a hacerlo bien.

Rayuela griega

EL CUADRADO CHINO

La figura es un cuadrado dividido en cuatro triángulos por sus dos diagonales.

El juego, arrojar el tejo al interior del triángulo número 1 empujando con el pie al número dos, tres y cuatro, otra vez número uno y hacerlos salir del cuadrado. A continuación arrojarlo al número 2 luego al 3 y luego al cuatro y empujarla a la siguiente casilla hasta llegar al 1 y hacerlo sin salir del cuadrado.



(Prometo mejorar los dibujos)
En el siguiente enlace podeis ver como se juega a la Rayuela del caracol

 


martes, 2 de agosto de 2022

EL ENCALIJO

 


Cuando empezaban los frutales a llenarse de flores y los campos a cubrirse de margaritas, se removía el pueblo en un frenesí inquieto. Terminaba el invierno, las casas en aquellos desconsolados aguaceros, heladas mañaneras y alguna que otra ligera nevada habían perdido su elegancia. Era el momento de enjalbegarlo todo, volver a recuperar la luz de antaño anunciando así la llegada de una nueva estación.

Desde la mañana a la noche, las mujeres, como si se volvieran locas de repente se llenaban de un extraño frenesí, interpelaban a gritos a sus hombres apresurándolos a que fueran a por cal, que revisaran los útiles de pintura, vigilaran si hacían falta brochas nuevas, les indicaban donde estaban los desconchones que había que tapar y de paso exigían que repararan los maltrechos tejados y para ello, que sacaran las escaleras altas de los graneros.

La segunda fase, en la que todos los niños contribuíamos, en una casi fiesta, era retirar las macetas de geranios y de petunias de las fachadas y de las rejas. Macetas que iban pasando de mano en mano a otras zonas provisionales en las que la fiesta blanqueadora no les afectara.

Aquel extraño jaleo, puntual año tras año, olvidado y de nuevo recuperado, nos sacudía  de la apatía del invierno y, con alegría y esperanza, empezábamos a rememorar las aguas frescas del verano y, por supuesto la inminente llegada de las vacaciones.

Terminadas las pequeñas tareas en las que nos dejaban participar nos retirábamos satisfechos de aquella algarabía, conscientes de que esa intensa actividad no iba con nosotros. Hartos de las regañinas que nos caían por aquello de  estar siempre en los lugares más inoportunos, recuperábamos con placer nuestros papel de  niños y nos metíamos de lleno en otros juegos, mil veces inventados y no por ello menos nuevos, sabiendo que por el momento éramos aun más libres que de ordinario.

En ese frenesí que inundaba el pueblo nos tocaba, a veces, ocuparnos de los más pequeños de la casa y alejarlos de aquella peligrosa operación, según señalaban nuestros mayores, correspondiente al apagado de la cal que se realizaba en aquellos enormes barreños de zinc. Desde lejos y expectantes observábamos como los polvos blancos empezaban a bullir y a soltar extraños humos cuando las mujeres, cabellos protegidos con pañoletas, removían aquellos baldes con unos gruesos palos de madera, era un proceso casi mágico en el que aquellas piedras traídas de la calera pasarían a ser el líquido lechoso con el que nuestras casas recuperarían sus aspectos de antaño.

A los pocos días, el pueblo convenientemente blanqueado aparecía luminoso y alegre, las mujeres iban calmando su excitación y aprovechaban para arreglar sus plantas y compartir esquejes de los geranios que se habían librado de las heladas.

Los  días se alargaban, según decía mi madre, al paso de una gallina, y podíamos jugar en la plaza hasta que aparecían las primeras estrellas, acunados por aquel blanco resplandeciente que confería una belleza especial a nuestros  estrenados pueblos.

Las macetas volvían a sus lugares, las escaleras a sus graneros, se empezaba a enredar la parra, los grillos cantaban con intensidad y la primavera asomaba con más fuerza con un cielo tan luminoso que hasta dañaba.

Yo era una chicuela feliz, normal y corriente, que según supe por mis padres marqué mi primera infancia enganchando una enfermedad tras otra. Además de pasar por todas las epidemias propias de la edad como el sarampión, la tosferina o las paperas, estuve, a los dos años, a punto de irme al otro barrio debido a la difteria. Aun de aquello pude salvarme y, aunque flacucha y desgarbada, era una niña inquieta llena de vida con muchas ganas de imitar las travesuras de todos los muchachos del pueblo.

No supe hasta muy mayor, gracias a mi hermano Rafael, que se ocupa de acordarse de las cosas más nimias de nuestra infancia, que había una frase en torno a mí que alertaba a la familia:

—¡Mamá, Tere está chupando las paredes!

Mi madre, inevitablemente y para mi asombro, comprendía muy bien lo que estaba pasando y se apresuraba a adquirir varios botes de Calcio 20,  líquido blanquecino que tenía un delicioso sabor, una cucharada sopera cada día le aseguraría que yo no siguiera estropeando su reciente trabajo. Mis hermanos entonces, hacían cola para recibir también una dosis del preciado líquido. No eran conscientes que bastaba un lametón en un muro para reclamar una dosis extra.

Crecimos con el Calcio 20, la botella transparente de largo gollete, que mis padres tenían que esconder en el rincón  más difícil de la casa, mejor bajo cuatro llaves, porque no era extraño que, al ir a buscarlo, más de un día ya se hubiera acabado. 

A pesar de que el blanco no es uno de mis colores favoritos, que nunca conseguiré el blanco nuclear en mis coladas y que el Ariel siempre me fallará, a pesar de que no me identifico ni con la pureza, ni con la virginidad, ni con el odioso término inmaculado, guardaré en mi memoria el recuerdo de nuestros pueblos blancos andaluces, tan significativos, tan nuestros y nombres tan sonoros y maravillosos como: encalijo, enyesar, blanquear, enjalbegar, enlucir, revocar, pintar, lucir, emblanquecer, y encalar, estarán siempre conmigo y, por supuesto, el Calcio 20.

Relato realizado en el taller de escritura creativa con Alfonso Salazar, basado en  un color de nuestra elección.

martes, 26 de julio de 2022

EL TEJO ( RAYUELA, SEGUNDA PARTE)

 

Rayuela festiva en una plaza del barrio de Gracia

A pesar del calor seguimos jugando a la rayuela, desde la publicación anterior me han ido llegando muchas aportaciones de los nombres que recibe este juego en muchos lugares de España, por ejemplo; Tocaté en Jerez de la Frontera,  Sambori en Valencia, Regaña en Córdoba, La Xarranca en Cataluña, La Muñeca en Salamanca, Mariola en Galicia,  La Chángana en Jaén, El Corro en Huelva.... esperamos seguir ampliando esta información con vuestras aportaciones.  


Así describe Julio Cortázar al juego en su novela Rayuela, publicada en 1963:
"La rayuela se juega con una piedrita que hay que empujar con la punta del zapato. Ingredientes: una acera, una piedrita , un zapato, y un bello dibujo con tiza, preferentemente de colores. En lo alto está el Cielo, abajo está la Tierra, es muy difícil llegar con la piedrita al Cielo, casi siempre se calcula mal y la piedra sale del dibujo. Poco a poco, sin embargo, se va adquiriendo la habilidad necesaria para salvar las diferentes casillas (rayuela caracol, rayuela rectangular, rayuela de fantasía, poco usada) y un día se aprende a salir de la Tierra y remontar la piedrita hasta el Cielo, hasta entrar en el Cielo".


Notas extraídas del blog https://salaamarilla2009.blogspot.com/2009/06/otro-juego-tradicionalla-rayuela.html#:~:text=La%20rayuela%20se%20denomina%20diferente,%2C%20pitajuela%20%2C%20mariola%20%2C%20etc.

 En este blog encontrareis una gran cantidad de información sobre el tema, así como dibujos y modelos con los que podemos ponernos a jugar.

Otra Xarranca festiva de una plaza en el barrio de Gracia



miércoles, 13 de julio de 2022

JUGAMOS A LA RAYUELA

Rectángulo español

 El avioncito, sambori o rayuela es un juego tradicional infantil, el cual fue extendido por todos los países de habla hispana y también por gran parte de Europa latina, la península ibérica y algunos lugares del Caribe. Según el país o la región el juego se conoce con distintos nombres.


 





Se  trata de un juego inmemorial que se ha mantenido de generación en generación.

Recuperarlo y llenar patios escolares, plazas y plazuelas con estos trazados, sería una forma muy divertida de mover el cuerpo, divertirse y socializar.

Existen infinidad de trazados, pero las reglas son casi siempre las mismas. Esto no quiere decir que no podamos modificarlas para hacer juegos más creativos y participativos.

Estas son las normas más comunes del juego

Reglas tradicionales de la Rayuela

Primera; ni el pie ni el tejo pueden quedar nunca sobre una línea, en tal caso, quien juega pierde.

Segunda; en cada casilla se puede saltar a la pata coja tantas veces como sea necesario para situar bien el tejo antes de hacerlo pasar a la siguiente casilla, excepto si previamente se establece un máximo de saltos.

Tercera; el tejo avanza en dirección a la casilla desde la que se espera regresar a Tierra. Puede atravesar una casilla que le permita circular más cómodamente en dirección a su meta.

Cuarto;  quien juega pierde cuando se equivoca en la sucesión de casillas que debe visitar, o si apoya el otro pie cuando no puede hacerlo, o si arroja mal el tejo.

Quinta; se avanza sin ninguna interrupción a través de las distintas casillas siempre que no se cometa ningún error.

Sexta; cuando quien juega incurre en falta debe esperar que le toque nuevamente el turno y empezar por el lugar en que perdió.

Séptimo; gana quien completa airosamente todo el ciclo, respetando en todo momento las reglas del juego.

Estos son dos juegos basados en la rayuela española

EL RECTÁNGULO ESPAÑOL

La figura es un largo rectángulo, dividido longitudinalmente en dos y transversalmente en cuatro, formando así ocho pequeños cuadrados. Estos, pueden numerarse del 1 al 8, y utilizarse sin más, o bien cada uno de ellos puede representar un día de la semana.  En este caso el primer cuadro representaría el punto de Partida y de llegada, el número 1- el lunes, el 2 - el martes y así sucesivamente. 

El juego completo incluye todas las fases siguientes según dos formas de jugar:

A)  EL CAMINO RECTO

 IDA: quien juega arroja el tejo a la casilla P, se une a él andando con un solo pie y se lo lleva de una casilla a otra a la pata coja. Al llegar al número 4 puede descansar apoyando ambos pies en el suelo antes de continuar su camino; y en el número 7 vuelve a descansar antes de salir. Después debe arrojar el tejo a la casilla 1 saltar a la casilla P con un solo pie, luego al número 1, y empujar el tejo como en el caso anterior.

VUELTA: se juega del mismo modo que a la ida, pero partiendo de la casilla número 7 y saliendo por la casilla P, las pausas tienen lugar en los números 3 y P.

 

B) EL CAMINO DE LOS ESCOLARES

IDA: La casilla P es el punto de partida en tanto que las demás representan los días de la semana, el tejo se arroja en primer lugar al lunes, de allí debe empujarse al viernes y después al miércoles, donde se puede descansar, luego se empuja hasta el  jueves y desde allí hasta el martes y en el sábado se descansa para finalizar en la casilla P.

 VUELTA; repetir los mismos desplazamientos pero en sentido contrario.

 



domingo, 3 de julio de 2022

PLASMANDO HISTORIAS A LO LARGO DE LA HISTORIA

Durante el Maratón de Cuentos de Guadalajara tuve la suerte de volver a encontrarme con Ana Griott (Ana Cristina Herreros) un referente en el arte de contar y escribir historias. 

Además recorre países diferentes recopilando historias de aquí y de allá.  

En su fb nos contaba el 1 de junio de este año, como trabajaban en el  taller de las mujeres diversas de Kolda (Senegal) que han hecho de su diferencia una razón para trabajar juntas. y nos dice : "Ellas cosen nuestros libros de tela El niño que siempre perdía el bastón, que encontraréis en Libros de las Malas Compañías"…

Hablando de este tema, le comenté la experiencia que había tenido con lo que llamábamos  "Los cuentos cosidos a mano" y quedé en enviarle la referencia de un libro que tenía en casa que se llama HISTORIAS.

Además como he encontrado cuatro libros más sobre tapices pues también han volado los títulos, a sus manos por si pueden serle de alguna ayuda en la preciosa tarea que realiza.

En el libro Historias he encontrado un tapiz que relata esta suceso histórico 

El tapiz de Bayeux siglo XII

  Las imágenes cuentan lo que ocurrió en una de la batalla de Hastings una de las más famosas de la historia. Fue la lucha entre el rey Harold de Inglaterra y Guillermo, duque de Normandía.

Hacia el final del tapiz se representa la muerte del rey Harold ya que a pesar de su valentía y el coraje que mostraron sus guerreros no pudieron con el poderosos ejercito del rey Guillermo que fue, desde su victoria, proclamado Guillermo el Conquistador.


El libro muestra además historias contadas en platos, jarrones, collages, cajitas rusas, miniaturas, recortados, estampaciones...

Un libro para no parar de aprender, crear y soprender,,, se.

sábado, 2 de julio de 2022

EL LIBRO Y SUS DESPROPÓSITOS

A escribir jugando  y jugar escribiendo...


Este juego está indicado para clases de edad de alrededor de 10 años que tengan bastante fluidez con la escritura.

Se puede hacer con un grupo de quince y se formarán tres grupos.

En grupos de cinco sentados en circulo. Quien está en primera posición escribe el título de un libro en la parte superior del folio, dobla lo escrito  y lo pasa al que está a su derecha que escribe un subtítulo,  este vuelve a doblar el folio para que no se vea lo escrito y lo pasa al siguiente que escribe el nombre del autor/a, el cuarto escribe el tema del libro y el quinto la crítica.. siempre sin saber lo que han escrito los anteriores. 

Una vez terminada la ronda se leen los libros y se ilustran.

Se termina haciendo una puesta en común con todo el grupo.

Se pueden inventar todo o intercalar cuentos y autores conocidos. A gusto del respectable.

Se puede constituir un fichero de Libros Despropositados. 

Extraído del Libro de Juegos de Kate Greenaway

Este puede ser un ejemplo del juego:


Título: El viaje interminable

Subtitulo: Aventuras de un oso en Alaska

Autora: Pilar Echevarray

Contenido: Cuenta lo que le pasó a Perico la mañana que se levantó del revés y todas las cosas le salieron bien.

Critica; libro destinado a publico juvenil. Es muy divertido, aunque puede resultar muy largo. Bonitas ilustraciones.



jueves, 30 de junio de 2022

SE HA ENCENDIDO UNA LUZ

 


Escribí este relato hace unos meses... por desgracia la situación no cambia y todavía continúan muchas familias en esta situación de desamparo.

 

Angustia, angustia, es lo que siento yo ahora mismo, angustia de no saber lo que va a pasar en casa, angustia ante esta situación de desesperación y de falta de futuro. Es una buena ocasión para ser el Mediano, es una buena ocasión. En este caso ser el Mayor no me hubiera traído nada más que tristeza. Ser el Mediano me permite ocultarme ante lo que está sucediendo. Madre llora, se lamenta, Padre oculta las lágrimas, la situación es desesperada, lo sé. Saben que lo sabemos. Ya hemos llorado bastante. Hermano Mayor aguanta contenido, intenta decir palabras de consuelo, pero nos queda poco. Chiquitina juega con sus solo dos años, juega ajena a todo, aunque a veces acude a mi madre y le tiende su pañuelo medio sucio para secarle las lágrimas.

Hemos llamado a toda la familia, nos han dicho que en  el tema del dinero poco pueden ayudarnos. Al menos los tíos del pueblo, hermanos de Padre, nos han ofrecido su casa.

Hay angustia, mucha angustia y poco futuro. Yo algo entiendo desde mis 10 años, la televisión que escucho, las  conversaciones que desde hace meses se repiten, las palabras que se escapan a mi cabeza y, aunque todos me digan que soy tan inteligente no encajo bien la situación.

Hermano Mayor, con sus 14 años, tiene la misma cara de tristeza y desconsuelo que mis padres.

El viernes, el viernes próximo será la fecha fatídica, eso dicen FECHA FATIDICA, lo escribe el banco,  las llamadas telefónicas, las miradas, las voces que por las noches atronan en mi cabeza, FECHA FATIDICA, suena tan mal.

Padre resignado, habla y nos consuela. No hay deseo, ni venganza en su voz. Dice que vendrán los de Stop  Desahucios y la Asociación de Vecinos del barrio y sus abogados, que ni siquiera el propio ayuntamiento lo permitirá.  Que somos cinco y que no nos pueden echar a la calle, que no pueden dejar a una familia en invierno en la calle. ¿Promesas?, ¿traición?

Fatídico, viernes fatídico, el tiempo sin querer detenerse. Chiquitina me busca por la casa, quiere jugar al escondite y yo quisiera esconderme para siempre. Me busca con su peluche en la mano, diciendo que tiene malita la barriga y que quiere que lo cure, un juego eterno e interminable. Yo el Mediano soy el doctor serio que todo lo cura, pero ahora no tengo ganas, ahora poco puedo curar.

Una mirada silenciosa de Madre es suficiente para que  me ocupe de Chiquitina, la coja de la mano y me la lleve a otro cuarto y conteste a las mil preguntas qué una pequeña de dos años puede hacer. Sorprendida, reclama dónde se fue la televisión, dónde está el horno, y qué ha pasado con los platos de fiesta de la abuela… todo con esa lengua de trapo que nos hacía tanto reír y me voy inventando historias de televisiones griposas y hornos cuidadores que bailan con soperas gigantes de florecitas. Chiquitina ríe tanto ante mis tonterías que acaba por hacerme reír y por unos segundos la casa parece volver a otros tiempos.

Yo quisiera arreglarlo pero no puedo, no puedo, porque solo tengo 10 años y por muy inteligente que sea no entiendo lo que está pasando.

El tiempo nos sigue traicionando, y de pronto ya es lunes y martes y mi angustia crece y la de mis mayores también y Mayor tiembla, mientras Chiquitina sigue corriendo por la casa buscando objetos que no volverán nunca.

 La noche del jueves nadie duerme, Fatídico se acerca el viernes de extraño nombre. Diciembre de escasa luz. Apenas hay ruido en el exterior, pero en mi casa todo se mueve, todos se mueven lentamente, como bajo el agua, temiendo el instante  siguiente.

Madre me lanza esa mirada entre pestañas y yo cojo a Chiquitina bajo mi mando, dispuesto a  defenderla de lo que está por ocurrir. Los vecinos nos han aconsejado que evitáramos a la pequeña pasar por esta situación, pero ella con su cabezonería no se ha dejado arrancar del hogar familiar, como si entendiera que hoy era muy importante que estuviéramos juntos.

Duros pasos suenan en la escalera. Golpes en la puerta machacan nuestros oídos. Puertas de vecinos que se abren y cierran asustadas, movidas entre la tristeza y el morbo. Chiquitina de mi mano, protegida por su buzo azul, sujeta con fuerza su peluche queriendo también defenderlo del asalto.

Bajamos a la calle.

¡Nos echan! Nuestra casa dejará de ser nuestra. No entiendo, no quiero entender lo que significa. ¡En la calle! Diciembre me golpea. Me golpea aun más la escena que contemplo en la acera de enfrente; monstruos, monstruos de negro con cascos infames, porras en mano, pistolas. ¿Todo esto para una pobre familia que hace apenas un año hacía planes de veraneo y de viajes?

Poco a poco han ido apareciendo las pancartas. La calle se ha ido llenando de los que habían prometido venir, cacerolas, señoras en bata, camisetas rojas, consignas, sonrisas valientes, hasta el concejal del ayuntamiento está aquí.

Los conozco a casi todos de verlos en casa conversando con Padres y Madre.

Al otro lado, en la acera de enfrente, junto a los monstruos señores de traje gris y abrigos elegantes, con carteras amenazadoras repletas de papeles traicioneros.

A pesar de mi anorak de tiempos mejores he sentido un  frío enorme.

Gritos y consignas han volado desde nuestra acera. Tensión.

Sin saber cómo Chiquitina ha soltado mi mano y ha corrido hacia los monstruos, con su traje azul y su peluche. Solo llegaba a la rodilla de uno de aquellos enormes personajes sin rostro.

De repente se ha producido un enorme silencio, las cacerolas han parado su sinfonía, así como los silbatos y los gritos. Chiquitina, en uno de sus arrebatos, ha pateado  la bota del monstruo y ha gritado con su media lengua: ¡ez mi caza,  ez mi caza! Ha levantado la cabeza para ver si debajo de aquel casco existía una mirada y dando un paso hacia atrás le ha ofrecido su peluche.

Se podía cortar el aire con un cuchillo, cómo hubiera dicho Abuelo.

El monstruo ha bajado la cabeza hacia Chiquitina, y luego  se ha girado hacia sus compañeros.  Ha mirado a los señores de traje gris y abrigos caros y se ha dado la vuelta. Sus compañeros lo han imitado.

Gritos de alegría han llenado nuestra acera.

Sabemos que volverán.

En el tercero izquierda se ha encendido una luz.